Riva-Agüero, la Universidad Católica y el Tribunal Constitucional

Un personaje de la novela de Julio Ramón Ribeyro, Los genieciellos dominicales, el doctor Font fulmina al estudiante de Derecho, Ludo, con una terrible frase:  “En el Perú los grandes juicios se ganan en el palacio de gobierno, no en los tribunales”.  El caso PUCP parece ser uno de esos casos. No solo por el cuantioso patrimonio de la Universidad que se persigue, sino también la magnitud de disputa ideológica que se halla de por medio. También se halla en pos de toda la estructura administrativa, editorial y académica de la universidad. No sería extraño entonces que el gobierno anterior hubiera podido influir en el contenido de la sentencia emitida por el TC, del mismo modo como acostumbraba decidir la composición de este organismo del Estado por medio de aprobaciones, vetos políticos o la simple inercia para prolongar el mandato de los magistrados. Muchos políticos del oficialismo, lo mismo que el presidente de la Corte Suprema y el presidente de la Corte Superior, vinculado al partido de gobierno de la época, suscribieron, el 27 de julio de 2010, un comunicado a favor del Arzobispo de Lima, en pleno conflicto judicial.    

Precisamente ahora se halla pendiente de expedición una nueva resolución del Tribunal Constitucional acerca del conflicto entre la PUCP y el Arzobispo de Lima. La sentencia anterior del 17 de marzo de 2010, dictada en mayoría, abiertamente favorable al prelado estuvo marcada por la incoherencia discursiva, la parcialidad manifiesta, el grosero rompimiento de la cosa juzgada,  y  las serias dudas sobre su autoría, legitimidad e independencia.  Como ocurrió con otros grandes casos de nuestra historia judicial ¿emergió esta sentencia acaso en los extramuros de las cortes de justicia? ¿En palacio de gobierno? ¿En un Estudio de San Isidro? ¿En la Universidad de Navarra? La verdad algún día saldrá a luz. Lo que se sabe es que el gobierno anterior colocó estratégicamente estrechos colaboradores del primado en embajadas estratégicas. Desde allí se obtuvieron informes jurídicos favorables para la causa del prelado. Para los embajadores desde la privilegiada posición de agentes del Estado peruano era fácil socavar ante la Santa Sede los créditos de la PUCP e indisponerla ante las autoridades eclesiásticas.

En realidad, no había necesidad de una declaración del Tribunal Constitucional para conseguir el reconocimiento del derecho de propiedad de la PUCP. Es como si el derecho a la vida o la salud exigieran un reconocimiento previo. El disfrute del dominio (y, en consecuencia su plena administración) no requería de un reconocimiento judicial, menos todavía en sede  constitucional. Se trata de un derecho per se, intrínseco, que se deriva de los títulos; es decir, la adquisición a título oneroso o gratuito a lo largo del tiempo, como en efecto, se han adquirido los bienes de la Universidad Católica. Irónicamente, el TC ha reconocido y dudo que ahora pueda retractarse la plena titularidad de la propiedad de la PUCP.  En ese momento, no se utilizaba la táctica maximalista de considerar tales bienes como eclesiásticos. Esa argumentación  vendría más tarde con motivo de sucesivos reveses judiciales del Arzobispado en los tribunales ordinarios.    

Una despistada Sala Civil entendió que la parte expositiva de aquélla y no del mandato o parte resolutiva, debía anotarse en el Registro de la Propiedad Inmueble. Algo inaudito, pues ni siquiera el TC lo había ordenado. Por mayoría la Sala Civil dispuso que todos los bienes de la Universidad, procedieran o no de la testamentaria de José de la Riva-Agüero, figurasen a nombre de la Junta de Administración. Existen bienes registrados que fueron adquiridos por la Universidad Católica inclusive antes de la muerte de Riva-Agüero el 25 de octubre de 1944, otros que lo fueron con donaciones particulares, de gobiernos y fundaciones extranjeras o con las pensiones de los estudiantes, sin que tuvieran por causa de la adquisición ni el patrimonio ni los testamentos del gran peruanista. Bastaría para comprobarlo una comprobación registral y contable. Asunto que justamente tiene que ventilarse en los juzgados civiles.

Esta vez la defensa del Arzobispo, por medio de la discutida figura de la apelación por salto, curiosamente aplicado para el caso de la PUCP, insólitamente por la parte demandada, cuando solo podría hacerlo la parte demandante, ha requerido al TC que impida a la justicia ordinaria el conocimiento de cualquier causa que se refiera a la interpretación de los testamentos de don José de la Riva-Agüero. Quiere además que el acuerdo válido del 13 de julio de 1994 celebrado con todas las de ley entre el representante del Monseñor Augusto Vargas Alzamora, el canonista, Carlos Valderrama, y el representante de la PUCP, Salomón Lerner, que limitaba las funciones de la Junta de Administración, esa suerte de albaceazgo perpetuo, contrario a la Ley Universitaria, sea declarado ineficaz no por los tribunales ordinarios, sino por el Tribunal Constitucional.  Eso solo podría hacerse a través de un proceso de conocimiento ante la justicia civil con estación de pruebas incluida. No me sorprendería, sin embargo si el TC opta por acoger la extraña apelación por salto del Arzobispo. Uno de los magistrados preguntado sobre su militancia partidaria, sostuvo con ingenio criollo: “Uno no se acuesta hereje y amanece monje”. Sin embargo, tal conversión se materializó. La mayoría de jueces suscribió  una sentencia en la que, refiriéndose a la supuesta voluntad de Riva-Agüero, se lee:

“A este prominente peruano no le asaltó la idea de si la Universidad estaría en manos de Jesuitas, Dominicos o Franciscanos; si encausaban su fe en la línea Opus Dei, del Padre de Andrea, Sodalicio u otros.

Él solo pensaba en la Jerarquía Católica, Apostólica y Romana, y punto.”

Con un dogmatismo religioso de este tipo (hasta por las mayúsculas) queda claro que el TC no es un órgano especializado en Derecho Civil. En su seno no existe ningún juez o asesor, que la comunidad jurídica reconozca como técnicamente competente para pronunciarse sobre el tema de actos jurídicos, legados y herencias.  El conocimiento de los procesos que conciernen a la interpretación testamentaria corresponde a la justicia común. La discusión sobre los testamentos y sus alcances es inherente a la justicia civil a través de sus distintas jerarquías. El TC no podría pronunciarse acerca de la interpretación de las cláusulas testamentarias, más todavía cuando las causas se hallan en pleno proceso y ningún órgano judicial se ha manifestado sobre el fondo del asunto. El TC incumpliría así un elemental principio constitucional: el respeto a la pluralidad de instancias. Avocándose además el conocimiento de causas pendientes. Rompería además el principio del juez natural: un juez constitucional invadiría los ámbitos de un juez civil. Ojalá que la lucidez se apodere de los magistrados  del TC y que se disponga que la causa por los testamentos de Riva-Agüero se siga ventilando ante jueces civiles especializados de cuyo ámbito nunca debió salir.  De otro modo, las puertas de la justicia supranacional estarían simplemente franqueadas.

 

Por Carlos Ramos Núñez

Abogado y profesor de Historia del Derecho PUCP

observaciones porteñas: la UBA

La Universidad de Buenos Aires (UBA) es una institución tradicional e inmensa. En tiempos recientes, además, busca ser democrática, inclusiva y hasta solidaria.
En la UBA todos son bienvenidos (en serio y no como en la PUCP), no hay que rendir un examen de ingreso, ni tampoco uno de salida. Existe un año de estudios compartidos cuya finalidad es nivelar a los estudiantes, y luego cada quien acude a la Facultad que desea.

La Facultad de Derecho de la UBA, según nos contaba Lucas Arrimada, reúne a cerca de 30 mil estudiantes. El edificio es enorme, se dice que su destino original era el de ser una facilidad militar. Sus aulas, por otra parte son más bien pequeñas, las carpetas lucen gastadas de tanto aprendizaje, la pizarra también es minúscula y no se observa tecnología, proyector, ecram, ni computadora para el docente.

Los alumnos ocupan todos los espacios que pueden para estudiar, aunque nos dice nuestro anfitrión que esto no refleja necesariamente una voracidad por el aprendizaje sino más bien la ausencia de escenarios diseñados para albergar la cantidad alumnos que inundan la escuela de leyes de la UBA.

En líneas generales, me agrada el feeling de la Facultad, aunque su inmensidad me abruma. Salimos al frontis, a hacer algunas fotos y mirar la tarde que cae en Recoleta. Al frente una ciudad enorme. Arriba, columnas dóricas enmarcan, imponentes, las puertas principales que solo se abren cuando uno egresa. Otro dato curioso: si sabes cuántas columnas hay, dice la leyenda, que no lograrás graduarte.

La biblioteca no cuenta con materiales suficientes (siempre es posible mejorar y … cómo lograr suficiencia para 30 mil estudiantes). La sala de lectura luce muy bonita, aunque nuevamente, no cuenta con enchufes, ni tampoco con wifi. Los materiales en inglés escasean, y la iniciativa docente para requerir determinados textos parece caer en saco roto. El sistema es de estantería abierta para buena parte de los libros, aunque otros (por su antigüedad y condición en la que se encuentran), deben ser pedidos al bibliotecario. En un apartado, La Ley (si mal no recuerdo), tiene una pequeña sede donde presenta su oferta editorial y brinda un servicio documental de revistas y catálogos para los alumnos.

En la sala de profesores, un lugar amplio y enmarcado de cuadros de mucha gente que nuestro anfitrión prefiere no recordar (digamos que no todos los personajes de los cuadros fueron hombres que defendieron causas justas). A ojo de buen cubero, un miércoles por la tarde, hay unos 30 docentes, esperando su turno. Aquí, cabe comentar que la UBA ha dado buena cantidad de Presidentes a la Argentina, sin embargo, no todos ellos -afirma Lucas- deberían ser motivo de orgullo.

Vamos rumbo a la clase de Elementos de Derecho Constitucional (de los primeros años). En las paredes, los chicos de las agrupaciones estudiantiles pegan sus afiches. La presencia de La Cámpora es importante, llaman la atención los afiches convocando a la manifestación en Velez, en la que habló Cristina. Se percibe gran actividad política, aunque también mucho desorden. En algunos descansos de las escaleras, se tiene venta ambulante de golosinas y bebidas, por cuenta de los chicos del Centro Federado.

La clase arranca bien, puntualita. Hay mucha horizontalidad y el clima es bueno. Lucas, discípulo de Roberto Gargarella, es el profesor y cuenta con un elenco de 5 muchachos -que intervienen poco- para hacer la clase, son sus asistentes y es la forma en la que uno arranca en la docencia.

Se habla de la estructura del Estado, de la forma en que funcionan los poderes, de la legitimidad, de la democracia directa, delegativa, representativa. De la ausencia de espacios para la participación ciudadana y la toma de decisión. En determinado momento, la realidad social argentina aparece con fuerza en el debate. Se menciona, o mejor dicho, no se le menciona, a Carlos Saúl Méndez. Se menciona sí, a Shakira, De la Rúa, y cía. Se explica con claridad los ciclos en que funciona la democracia argentina, el correlato de fuerzas políticas y, con ello, el funcionamiento y conformación de las instituciones.

Lucas es didáctico y lúcido. Sabe llevar el debate, y pese a que la cátedra cumple con lo que predica (inclusión, igualdad), no permite que el caos cunda. Los alumnos son jóvenes, y sus intervenciones demuestran, como aquí, que se desconocen los procesos históricos recientes (algún tipo de significado y consecuencia debe tener esto!).

Ni bien termina, nos fuimos. Teníamos entradas para el teatro (La cabra), y no nos pudimos quedar a la siguiente clase (un curso electivo, si mal no estoy, sobre presidencialismo y parlamento).

En la UBA, al concluir la última materia de la Facultad de Derecho, uno pasa a ser abogado. No hay examen de barra o colegiatura, ni sustentación de tesis o expedientes, para ser bachiller o licenciado. Terminas la carrera y listo.

Más o menos así fue la experiencia por allá. Ojalá los presentes, el pisco del Cholo Matías y Los Inocentes de Reynoso, hayan sido de agrado del buen Lucas.

Chao Defensor del Pueblo-


Lo conocí mucho antes de iniciarme en la Defensoría del Pueblo.

Don Jorge era arequipeño, casado y con tres hijos. Tenía 1.61 de estatura, y en aquellos días dictaba Sistemas Judiciales Comparados en el postgrado PUCP. Yo era asistente académico de una de las secciones a su cargo.

Años antes, había sido Defensor del Pueblo, cargo del que se aparto para luego ser candidato presidencial en el año 2000 por la agrupación política Causa Democrática,[1] en alianza con Somos Perú, del también fallecido ex alcalde, don Alberto Andrade.

Otros se ocuparan de hacer recensiones, notas y loas. Aquí, solo quiero dejar sentada mi gratitud a su persona y a la forma en que supo asumir y cumplir los encargos que el país puso en sus espaldas.

Abajo otra cosa que el contexto permite leer:

Andaba de recién casada, con luna de miel en Cuba. Dice La Tercerade Chile que no le hizo mucha gracia lo observado en el país caribeño.

Era una estudiante de postgrado en la PUCP, nuestra hoy metida en problemas universidad. Precisamente, allí andaba cuando “se entera” del levantamiento de Ollantita,  su esposo (Locumba, 29.10.2000).

Una de las primeras cosas que hace entonces, aquella frágil mujer que más bien parecía “una niñas que iba a hacer la primera comunión”,[2] es llamar al Defensor del Pueblo, don Jorge Santistevan de Noriega, un hombre que supo ponerle el pecho a horas que fueron difíciles para el país, por quien no votamos cuando pudimos, y que para pena de todos los peruanos, ha muerto hoy.

Esa historia, ya sabemos como termina: Agua sí, oro, no. Conga va. Etc.

Irónicamente, desde que su esposo Ollantita es Presidente, todavía no se nombra Defensor del Pueblo.[3]

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[1] Lo acompañaron en dicho intento, Vladimiro Huaroc, quien también había trabajado enla Defensoría, y Marina Sequeiros, de Somos Perú, éxito alcaldesa de San Miguel, por aquellos días.

[2] Nelson Manrique dixit.

[3] También Magistrados del TC, etc. Me resisto a pensar que sea ese el tenor de la gran transformación, quizá sea Favre, quizá #GanaPerú se olvido de sus banderas y es  más cómodo ahora ser #GanaMenú.

¿política jurisdiccional?

No conozco al autor del texto. Sin embargo, pienso que resulta pertinente compartirlo. el Poder Judicial continua siendo la última rueda del coche. La justicia en este país anda muy mal y poca gente se compromete con el asunto. Si bien es cierto, un número cada vez más mayor de jóvenes profesionales se inserta en la gestión pública, lo que es el PJ, no registra mucha variación. Esto debe cambiar.

Los problemas del Poder Judicial, hay que decirlo también, no son solo la poca independencia de sus jueces, su limitada creatividad, o la falta de juristas serios, honestos y buenos. Existen otros problemas que tienen que ver con la situación de los secretarios, de los asistentes, del personal CAS, de la gente en mesa de partes que no hace su chamba o te pone mala cara. Existe una subestructura feroz (y mal pagada), que aguanta los cambios y resiste, y que contribuye en mucho no solo a la pobre cultura jurídica de nuestro país, sino también a la corrupción que sabemos todos, aun impera en el Poder Judicial.

¿Qué le hace falta al PJ?, ¿por dónde deben venir los cambios?, ¿para cuando la mejora de la política jurisdiccional peruana?

Aquí la nota:

PODER JUDICIAL O SY FY: IMAGINA MÁS

<strong>FERNANDO O´PHELAN P

Hoy es un domingo familiar, ya terminó la Semana Santa. Necesitaba la mejor tranquilidad que te brinda la comida casera para volver a escribir sobre la crisis de autoridad en el Poder Judicial Peruano.

No hay peruano que no haya respetado, incluso Alberto Fujimori, el nombramiento de César San Martín como presidente del Poder Judicial. Su talla académica y sus calidades como juez están fuera de toda discusión. El problema es que, luego de casi dieciocho meses de gobierno, su trabajo es mediocre por no decir inútil. Mido mis palabras pues sé que son duras pero no hay otra forma de explicar los hechos.

Podría sentarme a revisar sus discursos, sus promesas, las entrevistas en televisión, quizás hasta los comunicados, pero no se trata de eso. La gente esperaba resultados en la gestión del Dr. San Martín, esperaba que se reduzcan agresivamente las demoras procesales, que la litigación oral en el país sea oral y no se obligue a los funcionarios a transcribir todo, que la eficiencia de la justicia comercial se transfiera como know how al resto de temas similares en el país, que imponga el respeto a la especialidad y no tengamos que seguir esperando que un juicio penal lo vea un hombre que sólo sabe de patria potestad o desalojos.

He visto lo que pasa con los jueces en el Cuzco, los grupos de poder que presionan y amedrentan al presidente de la Corte. San Martin se hace el loco y sólo viaja al Cuzco para usar traje y corbata mientras todos, incluso el presidente de la República, están en jean y polo (mezclilla y playera). No le importa cómo hacen los jueces honestos para defenderse del poder político de Acurio, por ejemplo.

Veo en Huaraz una mafia de fiscales y jueces enquistada desde tiempos anteriores al gobierno aprista. En esa ciudad, San Martin hizo un congreso de jueces. La gente más representativa de estos temas quiso hablar con él, no pudieron. De allí podemos seguir a historias sobre sentencias suaves a miembros del crimen organizado en el norte del país o en Ayacucho. Podemos ver que para reuniones de Jueces Supremos, la gerencia, como todas las gerencias, es espléndida, mientras que para los jueces de paz el presupuesto se vuelve miserable.

Pero, ¿por qué ocurre todo esto? ¿Es acaso San Martin culpable o inepto? Creo que el presidente San Martin representó nuestra última esperanza de tener a alguien decente que, aunque el boato de las trompetas y alfombras parecen haberlo mareado a tal punto que no escucha a nadie, igual no dejará de ser un hombre serio en los tribunales.

Lo que trato de decir es que San Martin siempre tuvo razón en su confesión privada, que se la ha hecho a varios, por eso dejo de serlo: “él no puede controlar nada”. No puede ni controlar ni monitorear lo que pasa en la Corte Suprema. La estructura social y cultural de nuestro país, los diversos caminos del free riders o del fast track que permiten los costos ocultos, le impiden siquiera observar todo la maraña de redes que hay entre jueces del mismo pueblo, universidad o logia.

Hace unos días pude conocer una de esas redes de jueces, líderes sindicales pesqueros y abogados astutos que le sacan a los armadores pesqueros fallos judiciales con reintegros entre los diez mil y los cien mil dólares. Y todos parecen actuar allí con orden, premeditación y, lo más gracioso con una gloriosa base jurídica que si no la paran inundará toda nuestra costa en los siguientes dos años. En fin de lo que se trata es de ver entonces si nada es culpa de San Martín, o si el pudo haber tomado el toro por las astas y formulado políticas de acción en el corto plazo.

San Martín desperdició sus facultades extraordinarias para proponer proyectos al Congreso de la República, no porque no sepa preparar proyectos, sino por su torpeza para hacerlos viables políticamente. Su actitud autoritaria al interno del Poder Judicial convierte al díscolo Villa Stein en un demócrata. El Congreso se burla de San Martín, el presidente Humala se burla de San Martín. Cada vez que éste le hace un reclamo presupuestal, el presidente llama al Ministro de Economía, alza la voz, lanza un par de carajos, San Martin se reconforta y ya sea en Palacio o interceptándolo en alguna ceremonia, el chiste es el mismo. San Martin debería leer el artículo de Francisco Durand en la revista Quehacer sobre los anillos de poder en el gobierno de Humala y no estar escuchando al sequito de Eloy Espinoza otro académico brillante pero torpe consejero de gestión que todavía sigue dando órdenes como funcionario judicial informal.

Si en el frente interno San Martín fue capaz de proponer un reglamento de la Corte Suprema y otro de la Gerencia que solo traen más problemas, ¿qué se puede esperar de lo que afecta directamente a los litigantes? San Martín permitió el quiebre de los principios de especialidad y economía institucional, al crear órganos y cargos innecesarios, duplicar funciones, asignar a algunos de ellos funciones de órganos ejecutivos de mayor nivel, así como dotar de funciones ejecutivas a órganos de asesoría como su agigantado “gabinete técnico”. La implementación de todo esto será un desperdicio de recursos para el país. La cereza sin embargo esta en el nuevo logo que ha costado varios miles de dólares entre diseño y su habilitación en sobres, papelería y letreros. Varios miembros de la Corte no lo han querido lucir en sus solapas de pura vergüenza.

Quizás lo que más nos inquieta es lo sucedido hace unos días en el Hotel El Pueblo donde estuvieron reunidos los Presidentes de todas las Cortes del país. San Martín pensó que este asunto del presupuesto judicial y el tema de las remuneraciones de los jueces era algo que él podía manejar a su antojo. Por primera vez en muchos años todos los presidentes de Corte, menos Cotrina de La Libertad, se le rebelaron mostrando su indignación por lo que ellos llamaron la falta de palabra del Presidente de la Corte Suprema; fue fabuloso ver los lobbys de la gente de San Martin por frenar la revuelta y su furia personal contenida: Tenía miedo que el país se entere. Bueno pues los Presidentes firmaron y San Martín tuvo que pedirles disculpas. No puedo evitar decir que eso de aumentarse unos mil cuatrocientos dólares aproximadamente cada juez no suena injusto, pero hubiese sido más honroso el abogar por los trabajadores: Los trabajadores del poder judicial, de la policía nacional y de los servicios de inteligencia son los peores pagados de la región.

Entonces, si César San Martin es un gran juez pero un pésimo gestor, ¿qué esperanza nos queda? Ahora San Martín cree que promover a Víctor Ticona será la solución: Ticona es otro magistrado brillante, pero al mismo tiempo el mas huraño, casi autista, en temas de relación política y de gestión. Esta el candidato que promueve Villa Stein, Duberlie Rodríguez, viejo político pero a quien le arruina la imagen el mentor, que proclama que lo manejara a su antojo. José Luís Lecaros ya comprendió que no es su momento. Sólo nos quedan Enrique Mendoza y Luis Felipe Almenara, el primero tiene fama de buen gestor pero no logra aglutinar los votos necesarios dado que sus colegas lo ven como altanero. Mientras que Almenara, parece estar convencido de actuar, no tiene más ambiciones que hacer el bien, pero su estado de salud no parece estar al ritmo del esfuerzo que el tema le demanda.

Ya aprendí a no tomar partido. Todos los candidatos te prometen la revolución leninista hasta que llegan al poder, juramentan, prueban la alfombra y las trompetas. Le pido públicamente a Francisco Távara, quien se ha convertido en el supremo mas legitimado ante el país que no vuelva a equivocarse. Su opinión interna resulta determinante para elegir al próximo presidente de la Corte Suprema. Quien gane, igual no podrá hacer mucho pero podría ayudar a que el sistema no se hunda por completo. Por lo menos podría salvar la mega reforma procesal penal de diez millones de citadinos en la gran Lima. Quizás un poco de acción desde afuera los obligue a sentarse y repensar en el monstruo del que forman parte. El monstruo que esta por tragarnos a todos…

tener plan

Los días andan extraños. El Callao anda igual. Abajo, poesía para todos.

Indicaciones: sonrían. Tengan plan.

 

Plan

¿Por qué los secuestradores prosperan?
¿Por qué sonríen los diputados?
Tienen plan.
Vos no tenés plan.

Vicente Luy en No le pidan peras a Cúper (2003)