Estabamos en clase: Seminario de Teoría General del Derecho, con el profesor Eduardo Hernando Nieto (aquí su blog), y tocamos el tema de la desobediencia civil.

Entonces, vino a mi cabeza, al margen de la lecturas que tuvimos que realizar para dicha sesión, el texto del maestro Woody Allen (mi filósofo favorito, en serio!).

Pensé en un inicio, narrar un poco de lo que fue la clase, hacer un corte, introducir algunos comentarios, meter algo del Salmón… y retomar la clase, con frases al medio de Woody…

Sucede que estoy cansado y de poco humor.

Entonces, comparto un texto que personalmente me he tomado la molestia de tipear de mi ejemplar de Sin Plumas, creo que sobre dicho texto debimos debatir en clase.

Una guía breve, pero útil, de la DESOBEDIENCIA cívica

Al perpretrar una revolución, hay que satisfacer dos requisitos: que haya alguien o algo contra qué rebelarse, y que alguien salga a la calle de facto y lleve a cabo la rebelión. La indumentaria acostumbra a ser informal y ambas partes pueden ponerse de acuerdo en lo que refiere a hora y lugar, pero si una de las facciones no se presenta, es probable que la empresa entera fracase. En la Revolución China de 1650 ninguno de los bandos compareció y perdieron el depósito.

Las personas o partidos contra los que se efectúa la rebelión se denominan los “opresores” y se los puede reconocer fácilmente por cuento parecen ser los únicos que se lo pasan bien. Los “opresores”, por lo general, llevan traje, poseen terrenos, y tienen la radio puesta hasta altas horas de la noche sin que nadie se lo vitupere a gritos. Su ocupación consiste en mantener el status quo, una circunstancia en la que todo permanece igual, aunque puede darse el caso de que quieran pintar cada dos años.

Cuando los “opresores” se vuelven demasiado estrictos, tenemos lo que se llama un estado policíaco, que prohíbe toda señal de disentimiento, tal como reír entre dientes, presentarse con corbata de lazo, o llamarle “chato” al alcalde. Las libertades civiles se ven sensiblemente restringidas con un estado policíaco, y la libertad de expresión es desconocida, aunque en último extremo puede estar permitido hacer muecas. Las opiniones críticas sobre el gobierno tampoco son toleradas, especialmente las referidas a cómo bailan sus miembros. La libertad de prensa también se ve coartada y el partido en el poder “dirige” las noticias, permitiendo a los ciudadanos escuchar únicamente ideas políticas aceptables y tanteos de bésibol que no provoquen desasosiego.

Los grupos que se rebelan se conocen como los “oprimidos” y se les suele ver en grupos dando vueltas y refunfulando o pretendiendo que tienen dolor de cabeza. (Hay que señalar que los opresores jamás intentan rebelarse ni convertirse en oprimidos, por cuanto les traería consigo un cambio de ropa interior).

(…)

Debe señalarse que, cuando concluye una revolución, los “oprimidos” con frecuencia asumen el poder y comienzan a actuar igual que los “opresores”. Por supuestos, a partir de entonces es muy difícil conseguir que se pongan al teléfono y el dinero prestado para cigarrillos y chiclé durante la lucha puede también darse por perdido.

Métodos de Desobediencia Cívica.-

Huelga de hambre: en ella los oprimidos renuncian al alimento mientras no sean satisfechas sus exigencias. Los políticos solapados acostumbran ponerles bizcochos al alcance de la mano o tal vez queso de cabra, pero hay que resistir. Si el partido en el poder consigue que el huelguista coma, por lo general le cuesta poco sofocar la insurrección. Sin consigue que coma y además que pague la cuenta, ha triunfado en toda línea. En el Pakistán, se dominó una huelga de hambre cuando el gobierno presentó una ternera cordon blue excepcionalmente sabrosa que las masas hallaron demasiado atrayente como para rehusarla, pero tales platos de gourmet son raros.

El problema que plantea la huelga de hambre es que al cabo de unos cuantos días se puede estar francamanete hambriento, sobre todo cuando caminoes con altavoces han sido pagados para desfilar por la calle anunciando: “Hum… qué pollo tan bueno… ummm… y los guisantes… ummm…”.

Una variante de la huelga de hambre para aquellos cuyas convicciones políticas no sean tan radicales, es dejar de comer cebollinos. Este gesto insignificante, si se lleva a cabo como es debido, puede influir sensiblemente en un gobierno, y es por todos sabido que la insistencia del Mahatma Gandhi en comerse la ensalada sin aliñar obligó al gobierno británico a numerosas concesiones. Otras cosas que se pueden dejar además de la comida son el whist, sonreír y apoyarse sobre un solo pie, imitando a la cigueña.

Sentada: se efectúa el traslado al lugar previsto y se procede a sentarse, pero hay que estar sentado todo el tiempo. De otro modo, como se estaría es en cuclillas, una postura que carece de significado político, a menos que el gobierno también se halle en cuclillas. (Esto no es frecuente, aunque un gobierno ocasionalmente se acuclillará si hace frío). El quid está en permanecer sentado hasta lograr las concesiones, pero, al igual que en el caso de la huelga de hambre, el gobierno puede apelar a medios sutiles para hacer que el huelguista se levante. Se le puede decir: “Bueno, todo el mundo fuera, vamos a cerrar”. O bien: “¿Le importaría levantarse un momento? Nos gustaría conocer su estatura”.

Manifestaciones y marchas: el aspecto clave de una manifestación es que tiene que ser visible. De ahí el termino “manifestación”. Si una persona se manifiesta con carácter privado en su domicilio, no constituye técnicamente una manifestación, sino meramente “una acción estúpida” o “comportarse como un asno”.

Un ejemplo típico de manifestación fue la Fiesta del Té de Boston, en la que americanos ultrajados, disfrazados de indios, tiraron al puerto té inglés. Más tarde indios disfrazados de americanos ultrajados tiraron ingleses auténticos al puerto. A continuación, ingleses disfrazados de té se tiraron al puerto entre sí. Finalmente, mercenarios alemanes ataviados únicamente con vestuario de Las Troyanas saltaron al puerto sin razón aparente.

Al manifestarse resulta útil llevar una pancarta que exponga la propia postura. Algunas posturas sugeridas son: 1) bajar los impuestos, 2) subir los impuestos, y 3) no sonreír más a los persas.

Otros métodos de Desobediencia Cívica.-

Plantarse delante del ayuntamiento y salmodiar la palabra “pudding” hasta que las reivindicaciones sean satisfechas.

Taponar el tráfico introduciendo un rebaño de ovejas en la zona comercial.

Telefonear a miembros del establishment para cantarle: “Bess, tu eres ahora mi único amor”.

Vestirse de policía y luego ponerse a saltar a la comba.

Fingirse una alcachofa y pellizcar a la gente cuando pase.

No hay mucho tiempo.

Tengo la batería de la lap top baja y me da una terrible pereza ponerle el cargador.

Tengo una conversa importante en el msn que en cualquier momento se va. Y tengo una lectura sabrosa de Boaventura de Sousa Santos.

Entonces, comparto una suerte de mail /fwd de un fan del say.no.more, Yakov para los íntimos.

Antes, como tiene que ser, comparto un video donde aparecemos… fina cortesía del buen Henry Spencer.

Aquí inicia el mail:

“Nadie nos va a creer cuando contemos como resulto el asalto a Cali, bendita seas Cali, como cantaron, con que estruendo afinado, los aviones … jugar con fuego …
y ver gratitud, por decir poco, en los ojos de los que, buenamente, nos vinieron a ver y escuchar … tenemos el publico que sueña mick jagger, el ademas lo tiene pero no tendria problema en soñarlo, aunque no tengo idea con que cosa sueña mick …
Eran las doce cuando Dieguillo cumplia años en Cali, que esta noche fue, lo apuesto todo, la capital mundial del rock de verdad, de la entrega generosa, de los corazones incendiados … lo siento, frank … nadie te canto mi way como nos cantaron a nosotros, con esa inexplicable gratitud a la vida … mejor es imposible.
Voy a buscar palabras en el diccionario para explicar la clase de recital. en llamas, que vivimos-brindamos (y nos brindaron) hoy … con permiso de john winston, fuimos mas grandes que jesucristo escobar rodriguez !!!

pero esta grabado !!
el cartel salmon no se rinde !!”

esto lo escribió el calamaro en su blog sobre calí. igual él alabó mucho a quito.http://www.calamaro.com/ac/ac.asp?paginas=45&pagina=2 . usando palabras grandes que son nombres fuertes en esos casos.

de calamaro lima recibió lo mejor, fue rock. por eso es el colmo la actitud del público. reprocho porque ya se convierte en algo contraproducente. que un público (¡ojo!, público es decir, la totalidad) no pueda sostener un “ole ole ole” por mas de un minuto exhibe un problema serio. recuerdo el tributo que le hicieron en la noche con bandas de cover, quizá ese fue un presagio del bajo calibre de su “club de fans local” eran un grupo de niños que competían por mostrar “quién tenía el carrito mas bonito, quien hacía más chongo”. los costos lo pagamos todos. calamaro no se salió de la lista prefabricada/electrónica de canciones, en su blog escribió un hiriente “tech slaves” y nos pregunta si estamos vivos con una foto a la cámara y no al cantante. en santiago al terminar un concierto cantan “¡no nos vamos ni cagando!”, en baires “no se va, no se va” y fue a esto último lo que atinamos el público de fito paez para arrancarle el volver (en su primer retorno el rosarino volvió cantando a capela “yo vengo a ofrecer mi corazón”, para el segundo agradecidos  gritamos durante 10 minutos) porque ambas partes sabiamos nuestro papel. también en este caso era claro, calamaro sabia lo que venía pero el público no. lo dio todo, especialmente pidió liberarnos de las sillas numeradas -y con ello ser menos rico que sabina-, regaló sus mejores letras y sorteó los tangos, tan díficiles de interpretar, como si fueran un rock.

la próxima vez el público limeño habrá evolucionado y él recibirá el aplauso para ganarnos el “con abuelo”.

ykv


Grande Yakov, todos te robamos!

nota: fotos mías.

Leo la última entrega de Sin Permiso, minutos antes de salir rumbo al concierto de Calamaro.

Anoto dos textos básicos (citando a Diego Sponza): el de Ronald Dworkin que paso a postear a continuación y el de Roubini (click aquí)

Una victoria de McCain sería desastrosa para la Constitución republicana de los EEUU

Tomado de: http://www.letraslibres.com/index.php?art=13274

Una victoria de John McCain sería desastrosa para nuestra Constitución. Los conservadores han trabajado durante décadas para hacerse con la mayoría del Tribunal Supremo y ponerla al servicio de su ortodoxia económica, religiosa y cultural. Aunque los presidentes republicanos han nominado a siete de los nueve magistrados hoy en funciones, sólo cuatro de ellos –John Roberts, Antonin Scalia, Clarence Thomas y Samuel Alito- pueden considerarse conservadores recalcitrantes. Hay otros cuatro –John Paul Stevens y David Souter, también propuestos por los republicanos, y Ruth Bader Guinsburg y Stephen Breyer, nominados por los demócratas- que se han pronunciado reiteradamente a favor de interpretaciones progresistas de la Constitución. El noveno magistrado –Anthony Kennedy- ejerce un crucial voto “bisagra” que ha decidido casos de importancia capital, a veces a favor de los conservadores, a veces a favor de los progresistas.

En las últimas décadas, otra magistrada, Sandra Day O’Connor, desempeñaba este papel de juez bisagra (O’Connor presentó su renuncia en 2005 y Bush la reemplazó por Alito). El futuro de nuestro régimen constitucional sería muy diferente si los ideólogos conservadores que McCain ha prometido nominar fueran del tipo de O’Connor y Kennedy. Estos últimos se unieron al sector progresista, por ejemplo, para evitar que se revirtiera el precedente establecido en Roe v. Wade y se acabara con la protección constitucional del derecho de aborto; para rechazar la pena de muerte para niños menores de 18 años o para proteger a los homosexuales contra leyes que pretendían convertir sus relaciones sexuales en un delito. O’Connor se sumó al sector liberal y aseguró una mayoría de 5 a 4 favorable a programas de admisión a escuelas profesionales estatales que tenían en cuenta el elemento racial. Esta decisión fue de importancia vital, ya que de haberse producido en sentido contrario, habría comportado la liquidación de una herramienta probadamente indispensable para reducir los desequilibrios raciales en el ámbito profesional.

Cuando O’Connor dimitió, el voto de Kennedy se tornó todavía más decisivo. Éste se plegó a los conservadores en algunas peligrosas decisiones de 5 contra 4: dando el visto bueno a una ley que prohibía los llamados abortos de “nacimientos parciales”1; cuestionando programas diferenciales no-discriminatorios que tenían como fin reducir el aislamiento racial en las escuelas públicas; o declarando que la II Enmienda otorgaba a los particulares un derecho constitucional a portar armas de fuego. Con todo, la posición mayoritaria en estos casos fue más bien prudente, ya que los conservadores necesitaban el voto de Kennedy y tuvieron que matizar sus argumentos para asegurarlo. En otros fallos recientes, Kennedy votó con los liberales para restringir el alcance de la pena capital o –en lo que probablemente fue su pronunciamiento más importante- para denegar la pretensión de Bush de que cualquier extranjero declarado enemigo ilegal de Estados Unidos pudiera ser detenido indefinidamente sin control jurisdiccional alguno.

De ganar McCain, el voto de Kennedy se tornaría irrelevante y su influencia se desvanecería. Desde su primera nominación, en efecto, McCain intentaría crear una granítica y avasalladora mayoría conservadora para una o más generaciones (Stevens tiene 88 años, Souter 69 y Ginsburg, Kennedy y Breyer están en sus 70). No es posible anticipar todas las cuestiones constitucionales relevantes que se suscitarían en ese período. Pero sería más que probable que una sólida mayoría ultra-conservadora acabara por barrer toda protección constitucional al aborto -que es lo que Scalia y Thomas han intentado repetidamente-; por otorgar un papel sensiblemente mayor a la religión en las escuelas y actos públicos; por poner fin a cualquier forma de afirmación positiva en el empleo o la educación; por recortar las garantías de los procesados y por ampliar, una vez más, el alcance de la pena capital.

Y lo más atemorizador de todo: daría cobijo a las extravagantes exigencias de mayor poder presidencial realizadas durante la Administración Bush; la llamada doctrina del ejecutivo unitario a la que se refiere Garry Wills y que supone otorgar al presidente poderes dictatoriales en todas las funciones ejecutivas, incluidos el poder de realizar la guerra, de espiar a los ciudadanos y de detener y torturar prisioneros, ignorando cualquier control del Congreso.

En este contexto, Obama es una promesa tan grande como la amenaza que representa McCain. Su raza y sus orígenes permitirían contrarrestar las acusaciones de arrogancia racial dirigidas contra los Estados Unidos y que han contribuido a reclutar a muchos terroristas airados. La llamativa y casi unánime atracción que despierta en el extranjero –una atracción que los aislados republicanos desprecian- contribuiría a redimir de inmediato nuestra denigrada reputación internacional. Obama posee una inteligencia llamativa y profunda. Tiene el don de combinar en sus escritos y discursos la claridad con una honda sensibilidad. Y utiliza estas cualidades para exponer y explicar la complejidad de las cosas antes que para enterrarla bajo eslóganes. Se dice que carece de experiencia. Sin embargo, sólo él, entre los políticos más prominentes, posee la experiencia que de verdad cuenta en un mundo denso y amenazantemente interdependiente: la experiencia crucial de la empatía. Él ha sido pobre y ha vivido, fuera y dentro del país, en mundos que pocos políticos nacionales pueden llegar a imaginar.

Hoy necesitamos de manera imperiosa –al menos la mayoría de nosotros- un renacimiento del orden y del derecho internacionales. La Administración Bush ha estado a punto de destruirlos. Ha dilapidado nuestro capital moral tanto como el financiero. Los Estados Unidos no pueden afrontar de manera efectiva la creciente amenaza terrorista o el igualmente amenazante terror de la degradación climática, a menos que el mundo alumbre instituciones y concepciones del derecho internacional con poder y autoridad genuinos. Es un objetivo extremadamente difícil, pero no imposible. Después de todo, otras grandes potencias están tan interesadas como nosotros en que la legalidad regrese al ámbito internacional.

Este proyecto no puede ponerse en marcha, empero, sin un cambio radical en los esquemas mentales de los norteamericanos. Deberían entender que no son los legisladores del mundo sino un miembro más que, como todos, debe asumir compromisos y riesgos. De lo contrario, nos veremos relegados a la última fila de la historia. Como quedó claro con el primer debate, McCain encarna la ilusión nacional de un poder autosuficiente que puede ir por libre. Lo que necesitamos es un presidente con la inteligencia, claridad y pasión suficientes para disipar esa ilusión. Aunque los republicanos se mofen de él, la elocuencia de Obama es una de sus cualidades más importantes, ya que es capaz de proporcionar la motivación necesaria para el cambio de mentalidad que las democracias necesitan precisamente en épocas de crisis. Eso fue, después de todo, lo que Lincoln nos dio en Cooper Union y en Gettysburg y lo que nos dio Roosevelt poniendo fin a la parálisis económica y al aislacionismo.

Todas estas razones amplifican aún más lo que está en juego en esta elección. Nuestra economía bordea la catástrofe y continúa empeorando; el desempleo y las ejecuciones hipotecarias están creciendo; nuestra política exterior y militar es desastrosa; el presidente republicano es ridiculizado y despreciado; el candidato republicano lanza golpes bajos y miente. Hasta un candidato demócrata mediocre debería ganar con facilidad. Si uno tan competente como Obama pierde, sólo puede ser por una razón. En noviembre, los norteamericanos podemos hacer algo grandioso. O podemos hacer algo terrible y vivir con la culpa de nuestro estúpido y autodestructivo prejuicio racial durante otra generación más.

Nota: Aprecido originalmente en The New York Review of Books, 15 octubre 2008.
Traducción de Gerardo Pisarello