apuntes sobre coyuntura del sistema judicial

Existen personas cuya presencia marcan tu vida. En mi caso, tuve la suerte de contar con un gran maestro de quien aprender. Durante más de dos años le asistí en la cátedra y trabaje a su lado en todo lo que pude. Fueron años intensos, de idas y venidas, y por sobre todo de respeto genuino y cariño gratuito.

No conozco persona con mayor capacidad de análisis, profundidad, que tenga tanto gusto por el debate y que sea tan firme en sus posiciones. Sé que no es monedita de oro, pero sé que todo lo –poco que he- aprendido en la Facultad, se lo debo en buena cuenta a él.

Ignoro si estará satisfecho con lo que somos, con lo que venimos siendo, pero es bueno decirle a través de estas líneas que siempre le llevamos presente y que estamos agradecidos.

Los años en que estuve en el Departamento de Derecho, me permitieron conocer mucho y aprender bastante. Estamos en deuda!

No alargo esto y copio una entrevista aparecida en el Punto Edu, franela institucional de la PUCP, que a veces recuerda que puede aportar al debate público y convoca a personas como el entrevistado que le pueden aportar mucho.

Con ustedes, la nota aparecida aquí:

Lunes, 22 de febrero del 2010 | Gorki Gonzales Mantilla, profesor y Coordinador de la Maestría en Derecho con mención en Política Jurisdiccional, analiza la preocupante situación de nuestro sistema de justicia a la luz de los recientes escándalos en el Poder Judicial.

Un juez amenaza con una pistola a un periodista, denuncias de coima en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), desaprueban al fiscal Avelino Guillén… ¿el sistema judicial está atravesando su peor crisis?

El caso del juez y las otras denuncias, forman parte de un proceso de crisis de la Justicia que tiene décadas. Que los hechos se denuncien ahora o que aparezcan sumados, no significa que éste sea el peor momento. Quizás este momento aún esté por venir. Lo que sí está claro es que no se ha hecho nada serio para enfrentar la corrupción, la ineficiencia organizacional, ni la ausencia de políticas institucionales de capacitación. Sigue predominando una cultura judicial propia del siglo XIX, relanzada con la soberbia de siempre desde las principales autoridades del sistema. Además, los espacios institucionales para la participación ciudadana se han banalizado y se han convertido en brazos de la corrupción. Recuérdese que los dos últimos representantes de la sociedad civil ante el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial han sido denunciados por actos de corrupción, influencias indebidas, etc.

¿Qué opina del caso del fiscal Avelino Guillén, quien fue desaprobado en el CNM durante el proceso de selección de jueces y fiscales supremos?

El CNM se equivoca al recurrir a la subcontratación de abogados o estudios de abogados con el fin de hacer frente al proceso de selección. Si existe alguna previsión legal que lo permita, ésta debe interpretarse de manera excepcional para cumplir el fin constitucional y con la garantía de quienes cumplan esa función sean juristas (no abogados en ejercicio, que es distinto). Las cosas andan de cabeza. No entiendo cómo un abogado litigante que defendió casos vinculados a la corrupción pueda evaluar a un fiscal anticorrupción. Es ingenuo sostener que como se borran los datos que identifican el caso (nombres, juzgado, etc.), el evaluador (si es un abogado litigante) no podrá identificar los hechos y saber quiénes fueron el fiscal, el juez y las partes.  

¿Qué tan grave es la situación en el CNM?

La conformación del CNM es un salto al vacío. Los representantes de la sociedad civil que participan en él (universidades, colegios profesionales, etc.), en los hechos no garantizan ningún valor ciudadano. Tampoco entiendo cómo una entidad que toma decisiones en derecho pueda tener integrantes que no son abogados. Ahora bien, el problema no se agota haciendo que todos los integrantes del CNM sean abogados.

En la actualidad, el escenario desde el cual estos representantes son elegidos es anómalo y quizás hasta pernicioso. La crisis de las universidades públicas, por un lado, y el clima de las universidades privadas creadas al amparo del Decreto Leg.882, por el otro, contagian las decisiones en el CNM. En el caso de la mayoría de las 42 universidades privadas que eligen al representante ante el CNM, la ecuación es simple: la ausencia de institucionalidad sumada al predominio de intereses económicos que moviliza a la mayor parte de estas universidades (recuérdese el caso de Universidades denunciadas por corrupción), se traslada a la vocación de su representante ante el CNM.

Entonces, es necesaria una reforma profunda, cultural, que involucre a las facultades de derecho, a los colegios de abogados, a todos los actores del sistema de justicia, que postule cambios en el corto plazo, en el despacho judicial, en la forma de comunicación de los jueces, pero también en las instituciones involucradas (como las universidades), en su postura y responsabilidad frente al país y la democracia.

¿Hay injerencia del poder político en el sistema judicial?

No existen evidencias para afirmar eso. Pero sí existen casos individuales que ponen en cuestión el valor de la independencia. En la actualidad, hay intereses específicos de factura utilitaria y perfil corrupto. Es aquí donde las instituciones y las prácticas institucionales se muestran débiles. Y todo forma parte de un mismo proceso: ausencia de políticas para enfrentar la corrupción, cultura jurídica formalista, lógicas burocráticas en el manejo del despacho judicial, políticas ineficientes de incorporación de jueces y fiscales.

Lee más
Publicación del libro de Gorki Gonzales: Los jueces. Carrera judicial y cultura jurídica.

Entrevista: Derry Díaz

familia, tranfugismo y Haya

El fin de semana estuve recluido en la casa de uno de mis mejores amigos. Si bien había piscina, también tenía esa insoportable sensación de saber que no podía salir de allí.

Hacia la noche, fuimos a visitar a una de las personas que más quiero y con quien –lamentablemente- no he compartido mucho, en horas hombre, digamos.

Ya en su casa, encontré –contra todo pronóstico- una familia, en todo el sentido de la palabra. Feliz a pesar de todo, unida, sonriente: poniendo en conjunto la mejor cara a lo que estaba pasando y segura de que todo iba a salir bien. Nosotros, lo que fuimos a hacer el aguante, nos volvimos a nuestras casas harto contentos, pues aquella familia era mucho más fuerte que la noche que les había caído. Va este párrafo para reconocerles y abrazarles, con respeto genuino y cariño gratuito.

En la cocina, tequeños y cerveza de por medio, la madre de mi amigo, comenta algunas cosas: acusa de tránsfuga a una persona a quien yo estimo y respeto, y a quien debo mucho. Me dice que paso del partido WIU (por el que candidateo a la presidencia) al MAS (para el CCD), y de allí al PPI (congreso) y de ese al CH (congreso nuevamente).

Me dice que su profesor, don Gonzalo Gamio no pudo responder y tuvo que ceder y admitir y cambiar el tema, salvado por la campana. Pienso y me animo a compartir como entiendo yo aquello del transfugismo: a la persona en cuestión –retirada ya de la política y dedicada a la academia- no se le puede acusar de tránsfuga, por lo siguiente: jamás cambio de camiseta, defraudando a los electores, mientras tenía mandado. Me explico: cuando estuvo en el congreso por PPI no se paso al CH, sino que culmino su gestión como congresista elector por PPI y luego postulo (pidió el voto y la confianza ciudadana) para representarnos nuevamente pero bajo una casa distinta, entonces, los electores tuvimos la posibilidad de castigarlo o no. Esto creo que es lo fundamental y que permite decir que la persona de quien hablamos no fue un tránsfuga.

La madre de mi amigo, no termino muy convencida, aunque mi amigo, su hermano y los presentes, me parece, entendieron mi punto.

Creo que en la disidencia hay mucho por aprender. Creo que dentro del fujimorismo no todo es cuco y brujas. Es complicado decir estas cosas, pero uno aprende y tiene que entender que la democracia parte de una apuesta moral que reclama respeto para todos los actores y para quienes validan a dichos actores. Confieso que no llevo mucha claridad sobre este último párrafo, pero entiendo que es importante apostar por dialogar y construir, incluso con quienes vienen tachados de apestados, quienes defienden ideas contrarias o distantes de las nuestras o a quienes sencillamente no entendemos porque llevan sanbenito y porque notemos querido.

Este post, ha sido escrito con mucho cariño, y espero que así sea entendido, si es que alguna vez, mi amigo –con quien no paso mucho, pero con quien comparto bastante y a quien genuinamente admiro- o su familia –a la que recién conozco y rompe el prejuicio que uno lleva y aprende- leen este blog, puedan ver que hacemos el esfuerzo.

A ellos, nuevamente, mucho ánimo, mucha fuerza y mucho aguante.

Y ya que estamos en eso, feliz día don Víctor Raúl Haya de la Torre.

ME CAÍ DEL MUNDO Y NO SÉ POR DÓNDE SE ENTRA/ Galeano

Aunque no estoy tan viejo (tengo 24 años), hemos pasado mucho.
Recuerdo que cuando chico, 1 litro de Coca Cola bastaba para toda la familia. Y claro, gaseosa cada fin de mes.

Desde siempre fui cachivachero, quizá pensando que todo sirve para algo en algún momento, incluso cuando nosotros no lo podamos ver. Quizá por una equivocada perspectiva de lo que es la historia.

La basura, como dice líneas abajo Galeano, se recogía 1 vez a la semana en Sta. Rosa City (a donde había que caminar mucho para llegar: del mercado hacia abajo, pues las líneas de buses tenían arriba su último paradero). Cuando me toco pasar un temporada en Canto Grande, la basura se recogía con mayor frecuencia, pero no por que los servicios municipales fueran óptimos, sino porque habían quienes se ganaban la vida paseando en carretilla a la caza de basura (más que para reciclar, concepto harto moderno, para alimentar a sus animales, etc.). Entonces, pasaban a diario, como pasa ahora el camión de la basura por casa.

Las ropas se heredaban, los zapatos se compraban unas tallas más grandes, “para que te duren”.

Mi madre siempre me inculcó el ahorro. Y vaya que yo ahorraba. El problema es que nunca supe bien para que ahorraba, tal como me pasa ahora.

En casa, las cosas eran eternas, las servilletas bordadas, y aun hoy, los cubiertos de plástico acompañan a los de metal, las bolsas de metro han reemplazado a las de leche Gloria (de tela para el pan), pero las usamos lo más que su reciente ser boidegradable permite.

La refri de mi casa es INRESA, de cuando mis padres se casaron hace 25 años. La therma Matusita, corre la misma data y suerte. Ambas funcionan, del mismo modo en que la unión de mis viejos lo hace.

En los veranos que pasaba en Trujillo (Paiján, Mocan, Casa Grande), recuerdo la plácida felicidad de la niñez y también que no habían plásticos y que el caucho de las llantas inservibles se quemaba para obtener alambres que servían a su vez para fabricar jaulas, unir cosas, etc.

Sin ir tan lejos, mi hermana, la menor (cumplió 14 el 16 de los corrientes), usó pañales de tela y también los desechables. Y yo ayer he habilitado nuevamente el número de mi celular de toda la vida, y es bueno decir que la única vez que cambie de equipo fue cuando Telefónica me obligó. Ahora he heredado -temporalmente- el equipo de mi hermana (la de los pañales de tela).

No me ha salido buena esta reflexión, pero no importa, escribo para los amigos.

Creo que dentro de todo, ser parte aquel tiempo ha sido bueno. Tengo una idea firme y entusiasta de lo que es construir y comprometerse: con los sueños, con la familia, con los amigos, con el amor, con la carrera, con la profesión.

La facilidad con la que hoy todo se desecha o con suerte se cambia, ha relajado desde los compromisos políticos, institucionales, hasta la familia, las relaciones amicales, la vida de barrio.

El texto que sigue, ha llegado a mí gracias a mi gran amigo Alberto Vásquez, lleva por autor a don Eduardo Galeano (quien pronto nos sorprende con otro texto para una revista en la que estamos participando con una colega venezolana)… y ya no molesto más.

Vengo de un tiempo en el que todo era para toda la vida. Vivo pensando en las cosas que nunca se alejan y creyendo que todo va a salir bien y que hay que estar bien asido a todo aquello en lo que uno cree y con lo que uno sueña… construyendo un sueño bonito que todos podamos vivir. Por allí van los tiros, perdonen la cursilería. No claudiquemos.

La banda sonora la montás vos, pero si no puedes, bueno es Cara B de Jorge Drexler.


ME CAÍ DEL MUNDO Y NO SÉ POR DÓNDE SE ENTRA.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!

¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!

Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano

perfil bajo

Existen personas que se compran muchos pleitos y guardan silencio.
Ahora, un gran amigo entra a la oficina y me dice, entusiasta, que va asumir la defensa de un dirigente sindical preso hace un año, acusado de homicidio culposo (vía una gran piedra soltada a gran altura -500 metros- que termino matando a un policía).

El dirigente en cuestión no estaba en donde ocurrieron los hechos cuando estos sucedieron. Amén de otras perlas, que pese a todo, no han podido salvarlo de pasar, ya, un año tras las rejas.

Este amigo mío, valiente y generoso, tiene la estrategia más o menos definida (ha trabajado en ella todo el san valentín) y luego de compartirla con humildad con quien escribe esto, se ha ido a terminar de pulirla.

Me quedo gratamente sorprendido, pues ya antes le he visto pelear por aquellos a quienes ya nadie defiende, principalmente porque no pueden pagar. Él, sin embargo, asume y saca adelante estas causas, sin que medie un mango, poniendo de su propio bolsillo y etc.

Como alguna vez dijo Borges: estos son los que estan cambiando el mundo.

contrastes

Pablo Muñoz Unceta, español, arquitecto y amigo (de Barranca, de las postrimerías del 2009 y del 2010 para adelante!) comparte el texto de líneas abajo, a partir de lo que fue su experiencia en nuestro país (guiño para Pati Velarde).

Por ahora, avanti e auguri, mucha fuerza Pablo, nos volveremos a ver!


Lima es una ciudad de contrastes. Contrastes de siglos a distancias de cuadras, contrastes de culturas a décimas de segundo, contrastes de millones separados por un par de palabras. Es una ciudad donde muchas cosas que nunca nos imaginaríamos en el viejo mundo son posibles, donde las leyes son otras, donde el mundo es a menudo más difícil, más de verdad, y hay más problemas tangibles que imaginarios.

En Lima conviven parques públicos con coste de entrada y fuentes millonarias con barrios en los que apenas se recoge la basura. Y los separa una vía expresa, una arteria de tráfico rápido, un zanjón que parte en dos un trozo de ciudad. En un lado, el barrio sucio (La Victoria) potencia su centro comercial, Gamarra, una ciudad de las compras con grandes edificios cercados por un perímetro vigilado y dedicados únicamente al comercio en una ciudad que prohibió sus puestos ambulantes hace años. Al otro lado, algunos parques (abiertos o cerrados) dan comienzo poco a poco a un centro histórico desarmado, de pedazos de ciudad que, como islas, son visitados por buses de turistas extranjeros temerosos de conocer un mundo menos de juguete que el suyo.

Es un centro histórico de cámaras y cambios de guardia separado por 15 minutos de casas que se caen al río cada año. Gente que no se atreve a subir por las escaleras mecánicas convive a 20 cuadras con grandes supermercados con self-service. Segregadores que recogen plásticos de la basura para ganarse la vida desconocen o no entienden que a 500 metros de sus casas hechas con cartones se consuman ingentes cantidades de poliestireno en cubiertos de un solo uso, cuando a ellos en las capacitaciones les explican que los residuos plásticos contaminan el medio ambiente.

En Lima conviven horas interminables de trayectos en combi para muchos, que atraviesan la ciudad de una punta a otra para trabajar cada mañana, trayectos en taxi de 10 minutos entre Miraflores y San Isidro, trenes eléctricos dejados a medio construir hace 20 años, gente que se “recursea” anunciando su destino en el parabrisas como un taxi temporal, recicladores que colapsan el tráfico con sus triciclos, gringos locos que van en bicicletas de diseño por la avenida Arequipa.

Lima es una ciudad con gente de todo tipo, de todos los colores, de todas las formas, con todos los dejos, con aires de la selva y gestos de la sierra, con pachamancas cocinadas bajo tierra y ceviches de pescado fresco. Es una ciudad que condensa al Perú al 30%, con 9 millones de personas que se extienden por cerros de arena y esteras, en un desierto que ha vivido cientos de años de historia con sus consecuencias, patentes en cada palabra, en cada conversación con gente de orígenes híper diversos, en cada almuerzo de cartas multiculturales, en cada retazo de aire sucio y desordenado que se respira por sus calles, en cada ruido, en cada grito de cobrador de combi, en cada carcajada que evita un conflicto, en cada música y en cada baile que devuelve el calor a lo cotidiano.

Hace dos días regresé a mi casa en Madrid y todavía tengo que aprender a caminar sabiendo que dos mundos pueden vivir tan cerca. Dadme tiempo para contaros muchas historias, para que me las contéis a mí vosotros, para volver a juntar pedazos y llevarlos en una bolsa que los mantenga cerca aunque no unidos, porque seguramente no hace falta que estén unidos.

Gracias a todos por vuestra paciencia. Espero veros pronto.

Un fuerte abrazo de despedida, de bienvenida.