fin de fiesta

Ha sido un año bueno.
Escribo este desde un bus con destino a Ica, en el que me permito pensar en todas aquellas personas que me sonrieron, extendieron sus manos y abrazos, permitieron aprender y me ayudaron a crecer y ser un poquito mejor.

Estoy agradecido y he querido que el 2010 sea un año de aprendizaje y de transicion. Me he dedicado mucho a algunas cosas y he descuidado otras. He apostado fuerte y duro por algunas personas, descuidando otras que pienso (se) siempre estaran alli.

Creo que con sumas y restas, he sido bueno. Me pienso como una buena persona y eso me hace pensar que si bien me esfuerzo en ello, siempre esto es poco.

Me siento feliz y tranquilo, el año que ahora termina, ha sido uno en el que he tenido la suerte de conocer mas gente brillante y buena, afirmar mi amistad con los genios de siempre y extrañar el talento de quienes he visto poco o sencillamente no he podido ver.

A mis amigos, compañeros y familia, decirles que es un lujo saber de su cariño y que mi afecto es infinito. Decirles tambien que ustedes son los que estan cambiando el mundo (Borges dixit), porque son ustedes la gente que es buena no hoy, ni solo mañana sino todo el tiempo… toda la vida.

El pais esta cambiando, para bien, esperemos que para mejor. Sigo creyendo en la politica como herramienta para transformar las cosas,y en la democracia como escenario de deliberacion y construccion de derechos, desarrollo y bienestar (creo que este año muchos mas comparten esta vision y han apostado por ello, guiño para la vanguardia que sigue siendo asi, para los aliados, la gente del aguante y todos los discipulos del mal).

El futuro lo hacemos todos, el futuro lo hacemos trabajando. Me gusta saber que todos estamos en eso y que desde todas partes, ese es nuestro primer compromiso.

Celebremos, y esta noche, cuando la algarabia inunde nuestros corazones, recuerden que este servidor, les besa y abraza.

Que el 2011 sea memorable!
Animo y adelante-

M.

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gestores

Las características personales de los gerentes públicos, jefes, gestores y responsables de toma de decisión, son materia de la más reciente literatura sobre gestión y cultura organizacional.

Así, se pone especial énfasis en su capacidad de liderazgo en el sentido moderno del término: claridad de conducción, capacidad de trabajo en equipo, delegación de funciones y valoración de las situaciones personales, entre otros.

Necesitamos profesionales comprometidos no sólo con el servicio público sino que además tengan capacidad suficiente de fijar objetivos y establecer los pasos a seguir para su consecución. Que  cuenten con herramientas suficientes para sostener y afirmar a las personas con quienes les toca trabajar (seamos honestos, la situación no es paradisiaca y en el país, muchos de quienes llegan a un espacio, por más ánimo y buena onda, encuentran equipos formados, bastante bien afianzados en sus cargos y acostumbrados a tales o cuales dinámicas de trabajo), y de convocar en caso hayan espacios, a los mejores cuadros. Asimismo, deben poder confiar en asignar responsabilidades y contar con la capacidad de participar de los procesos sin interferir en ellos, sin limitar la creatividad o el emprendimiento de quienes integran el equipo so pretexto de imponer la perspectiva del jefe, pero sin dejar que las cosas se salgan de control y se presenten como productos cuestiones inacabadas o muy mal hechas.

Si hay que ponerlo en rápido, diría que el sector público y su gestión requieren de profesionalización, capacitación, transparencia y alto nivel de comunicación interna. Eso para empezar… en fin, otro día seguimos.

Gracias Ollanta-

Hace algunos años, Ollanta Humala significo para muchos (entre quienes no me cuento) la posibilidad de un giro ala izquierda. Siempre ignoré hacia qué o cuál izquierda, pero personas mayores a mí, así lo referían.

Tenía 19 años y expectante observaba los albores de un proceso electoral que trajo de regreso a García al son de “esta es la estrella, este es el APRA!”. Ya antes había visto a un García a un delgado y vibrante discursear en el mitín del reencuentro. No he vuelto a ver un orador de esas cualidades (sobre esto, volveremos en otra ocasión) y esta será una de las razones más intensas para su tercer mandato.

 

Don Ollanta representaba novedad en aquellos días, representaba o intentaba representar a los postergados del país. En clase de Derecho Electoral, con don Carlos Blancas nos comentaba algo así como la tesis de la elección de los 2/3: para ganar una elección bastan los 2/3 de los electores. Así, si llegar al tercio faltante significa mucho gasto (propaganda, logística, desplazamientos, etc.), ese tercio no se cubre”.

Sin embargo, Ollanta había apostado por ese tercio, el del olvido (el cobrizo diría su padre, don Isaac). Además de eso, Ollanta aposto también por la improvisación. A ello sumo, como con Toledo en su gobierno, el flaco favor que su familia y allegados hacían.

La confusión: su hermano postulaba (el ingeniero bonachón), su otro hermano andaba preso pero manipulaba su semanario y tenía (me parece) un discurso más claro y frontal (y con llegada en los mismos sectores), finalmente, él andaba con  Unión por el Perú (UPP) pero era se reclamaba nacionalista, lo que generaba no poca confusión, amén de que el símbolo inicial era el de UPP (sus mismas siglas) y luego paso a ser la Olla de Ollanta: se hicieron propagandas con ambos símbolos y Ollanta uso ambos en algún momento (hoy son nacionalistas y usan la O que encabeza esta entrada).

De otro lado, su familia también andaba en campaña, y su padre, se regodeaba en decir, con entusiasmo grande que, los peruanos debemos conquistar Chile a punta de fusil y pinga.

Finalmente, ni bien logrado el pase a la segunda vuelta y con 45 congresistas en su haber (la razón del título del post, aquí la lista de congresistas), su gente, empezando por uno de sus vicepresidentes, don Carlos Alberto Torres Caro, salió con el asunto de que se iba y que Ollanta traicionaba los ideales y blablablá. Con Torres Caro, Ollanta nos endilgó una tira de impresentables (click aquí) que ahora se acomodan como mejor pueden con quien les brinde la posibilidad de repetir el plato, amén de todos los procesos y bellaquerías que nos han prodigado durante todo el tiempo que ha durado su mandado en el Legislativo.

 

De los 45 congresistas con los que el nacionalismo de don Ollanta Humala paso a la segunda vuelta, solo quedaron 8, a agosto de 2008.

 

Gracias Ollanta, mucha de las leyes que se han aprobado, han tenido su suerte en la ausencia de una oposición seria y sólida, mucho de todo lo que nos ha ocurrido como país, se entiende no sólo a las prácticas de los compañeros apristas que detienen el poder, sino a la tremenda libertad que sabe tienen para hacer lo que hacen.

El nacionalismo de don Ollanta Humala durante el 2006-2010 no fue bueno, y permitió el abordaje de un elenco de congresistas que poco bien le han hecho al país. Carlos Alberto Torres Caro y CIA. El primero en bajarse del carro era precisamente uno de los que si Ollanta salía electo y algo le ocurría, era llamado a ocupar el sillón. Sin duda una deslealtad tan grande como grosera, amén de la poca capacidad de quien estaba llamado a conservar a sus 45 congresistas unidos.

Hoy he creído necesario decir: Gracias Ollanta!, pues en tu nombre el país ha pasado por mucho.

 

 

Nota: es justo decir que tuvimos personas que intentaron hacer algo, como don Daniel Abugattas, quien –a mi humilde ver- ha intentado llenar el vacío dejado por don Javier Diez Canseco (reconocimiento que hago extensivo a Víctor Andrés Belaunde, de Acción Popular), pero estos no fueron la regla, sino la excepción.

Pienso ahora que esto de no saber controlar y gestionar no sólo le ocurrió a Ollanta, sino que ahora también le ocurre a Fuerza Social, y le seguirá ocurriendo a muchos otros, en la medida que no se formen instituciones, que no se apueste por un trabajo serio, programático, transparente y orgánico.

Puede interesar:  aquí, aquí y aquí.

Derecho, ¿qué te falta?

Acabo de leer en el blog de Eduardo Marisca, un texto sobre lo que un filósofo hace o puede hacer con su profesión bajo el brazo.

En estos instantes, ocurre algo similar (?) respecto a quienes no siendo filósofos, tenemos que participar de escenarios para los que no fuimos preparados.

Las cosas para quien estudia derecho y no se inserta en un estudio jurídico o se dedica a litigar, no son muy diferentes de lo descrito por Eduardo.

Asumamos que la Facultad de Derecho de la PUCP es –como con entusiasmo se defiende y predica- la mejor escuela de leyes del país (en estricto es lo que en puridad es: un espacio a donde uno viene a aprender leyes, normas, resoluciones, decretos y etc., bajo una mira de corte positivo formalista). Aquí, en la Facultad de Derecho, los docentes cercenan la creatividad de los alumnos, buscan siempre la respuesta prefabricada (en algún artefacto legal) y tienen la asombrosa capacidad de repetirse sin decir mucho, de continuar dictando a partir de los manuscritos que acometieron hace 10,15,20 o más años, o de presentaciones en ppt que recitan la norma en cada lámina y que son sumamente aburridas (he tenido clases con abogados top que duraban 3 horas de corrido con un ppt por clase, a media luz, a altas horas de la mañana,  y cuyo resultado fue y es: bostezos, modorra y reticencia a la materia).

Salvo honradas excepciones, las que lamentablemente tienen que ver más con la calidad del docente que con la materia, la Facultad de Derecho construye los abogados que el sistema necesita, los que lamentablemente son distintos a aquellos que el país reclama.

En similar sentido, tampoco contamos con investigadores. Los profesores a tiempo completo dedican sus esfuerzos a muchas actividades, a afrontar la carga que el Departamento les impone, y etc. Al final del día, como es claro para cualquiera, la producción académica no es mucha, y en la mayoría de los casos, además: pobre.

Entonces, volvemos a estos instantes (ver párrafo 2), en los que preparo un informe, en donde construyo indicadores, en los que me esfuerzo por que la metodología fije aquello que el grupo bajo estudio demanda -y requiere- en términos de derechos.

Pienso entonces que muchos estudiantes de Derecho, no cuentan ni con la mitad de herramientas que la práctica legal moderna (y constitucional) reclama.

Si debo resumir en una línea la formación jurídica que nos brindan en el Fundo Pando, esta se orienta principalmente a buscar y obtener respuestas en el cuerpo de la ley, en el texto de la ley y excepcionalmente en la sentencias del Tribunal Constitucional (en las partes que este señala que son precedentes vinculantes y no más allá tampoco).

Si hablamos ahora de quienes no se dedican a la práctica legal tradicional, empezamos con los problemas. La primera dificultad, refiere a una cuestión de método e investigación: no se brindan estas destrezas en ninguno de los cursos, ni siquiera en los que llevan por título: Introducción a la Metodología de la Investigación (a inicios de la carrera) o Metodología de la Investigación Jurídica (hacia el final de la misma).

Bajo la pompa del nombre, se esconden profesores inexpertos –las más de las veces- y que no tienen un perfil académico, es decir: no producen textos de modo regular, no se encuentran versados en la producción, edición, ni corrección, amén de cuestiones tecnológicas que permitan al estudiante y proyecto de investigador, aprender a buscar y lograr información en catálogos foráneos, en colecciones especializadas on line, etc. El curso, según el profesor, trata de armar un esquema, tirar unas líneas y fundamentalmente de… fichar (así es, hacer fichas por arriba, hacer fichas por abajo, fichas y fichas, y más fichas. Vale fichar cualquier cosa, interesa principalmente mostrar tus fichas: esos pedazos de cartulina en los que poner unas ideas y la fuente).

Para el curso de final de carrera, Metodología de la Investigación Jurídica, la cosa mejora, en términos de la calidad del docente, pero nuevamente, no todos son investigadores (en realidad no lo son) y por lo general andan metidos en mil cosas, con lo que el nivel de compromiso y el tiempo de atención es harto residual (salvo excepciones o a no ser que tengas algún tipo de amistad/relación con el catedrático de turno).

Retomemos estos instantes (párrafo 2 y 7). Me enfrento a esto que llamamos informe, que tiene un enfoque de derechos y que se inserta en la onda de las políticas públicas.

Más allá de las herramientas provistas a mí paso por el Departamento Académico de Derecho (en la PUCP) y lo aprendido en la oficina de un docente tiempo completo que sí se dedica a investigar, más allá de la experiencia lograda en la revista oficial de la facultad (Derecho PUC, fundada en 1941), la Clínica Jurídica, la Maestría y lo visto en las investigaciones y consultorias de las que he podido participar, no cuento con nada.

Hacemos lecturas, nos esforzamos por mirar –además- lo que se produce al norte del continente, el mainstream me parece le llaman. Sin embargo, no es suficiente.

Quienes provenimos de las aulas de la mal llamada ciencia jurídica, andamos por la vida desprovistos de herramientas de gestión, evaluación, desarrollo, de técnicas cualitativas y cuantitativas para la investigación y el análisis de datos. Y claro, llamamos interpretación (jurídica?) a la subsunción lógica de algún hecho dentro de algún postulado legal (siendo el derecho penal y su tipicidad, para muchos, el ejemplo más franco de esto).

En estos momentos, necesito de una formación más ligada a la economía y la gestión (pública) que solo al derecho (público) y a la teoría general (la que sin duda ayuda mucho y comparte mucho de lo propuesto por Eduardo, pues permite que uno se ubique con cierta facilidad frente a diferentes escenarios jurídicos).

Sin duda, uno nunca termina de aprender y andamos todos en constante formación, pero existen espacios en las facultades de Derecho que podrían servir para gestar diferentes perfiles y no solo afirmar los existentes (los que además signan el paradigma de abogado exitoso y todopoderoso).

Quizá todo esto haga una de las razones por las que he abandonado los estudios en la Maestría de Derecho con mención en Política Jurisdiccional (buena y recomendable, dentro de todo, es de lo mejor que la escena local oferta)… y justifique porque andamos buscando una en regulación, políticas públicas, gestión y afines (esto dentro de una escuela de economía antes que de ciencias políticas, cosa que explicaré en algún otro post).

Considero que todo lo dicho no es nada del otro jueves, sino por el contrario, son aseveraciones muy obvias. Se han dado procesos de reforma –de los que no pude participar como me hubiese gustado-, esperemos que traigan frutos tan buenos como sabrosos. De cualquier forma, insertar en la malla curricular, cursos vinculados a la gestión pública, el buen gobierno, la tecnología, el desarrollo y las políticas públicas.

Nota: de la mano con lo sugerido, es necesario dotar de contundencia a los cursos del área de teoría general del derecho, pues son estos los que brindan las herramientas e insumos para pensar criticamente (pensar “fuera de la caja”), para afrontar la realidad de modo tan novedoso como creativo, eficiente como justo.