No tuve la suerte de conocer a Constantino Carvallo, aunque escuche mucho de él en boca de amigos que fueron alumnos suyos o que acudieron a su escuela Los Reyes Rojos.
Ayer noche, releía algunas paginas de Diario educar, tribulaciones de un maestro desarmado, y pensaba: cuánta falta hace Constantino Carvallo.
Dice Constantino: “Las notas son la perversión del aprendizaje. Producen casi siempre un fenómeno excluyente, terminan por importar más que los conocimientos adquiridos y mucho más que el esfuerzo empeñado. Desplazan a la curiosidad, al deseo auténtico de saber y son siempre injustas, porque premian la capacidad y no el esfuerzo”.
Luego cita al educador estadounidense John Holt, quien habla sobre la presión por conseguir buenas notas y como ello ha corrompido y degradado el acto de aprendizaje en sí. Ello, a través, no de lo que se dice, sino de lo que se hace, así como por medio de la forma en que se asignan las recompensas y los castigos.
“Lo que cuenta en las escuelas y centros de enseñanza no es el saber y el comprender, sino el hacer creer a alguien que se sabe y se comprende; que el conocimiento resulta valioso no porque nos ayude a abordar mejor los problemas de la vida privada y pública, sino porque se ha convertido en un artículo que se puede vender a elevados precios en el mercado.”
Al final del día, no se aprende ya por la alegría o la satisfacción que nos proporciona el conocimiento, sino para conseguir algo.
Aquí, una página en fb en su memoria.