la nacionalidad alemana

Acababa de formarse una incipiente Vanguardia, tenía 17 años, iniciaba el semestre 2002-II.

En aquellos días, sospecho que por P., nos reuníamos, de cuando en vez, con un grupo de (viejos y combativos) estudiantes a quienes apodamos como “los comunistas”.

Ellos se reunían en Z, y aparecían como super críticos, aunque bastante desfasados. Algunas veces, como si la realidad que analizaban fuese cierta pero a la vez hubiese dejado de existir; otras, como si tuvieran un profundo resentimiento/envidia respecto de quienes tienen éxito, dinero, paz, religión o dios (léase como si tener algo de eso fuese un pecado mortal, o un lujo al cual nadie debería tener derecho).

Nos reunimos varias veces con ellos, a intercambiar ideas y debatir. Recuerdo al bueno de Santiago Alayza demostrando una y otra vez como es que muchas de sus afirmaciones se caían por inconsistentes, los recuerdo a ellos sin dar cuenta de la forma en que sus ideas se derramaban, recuerdo finalmente a Santiago desesperarse pues no entendía como siendo la cuarta vez que repetía lo dicho… esto -que era bastante claro- no podía cuajar en la cabeza de nuestros necios y combativos interlocutores.

Los respetabamos, no por lo que pensaban o por lo que querían hacer, sino por su esfuerzo en conseguirlo. Se reunían religosamente y debatían con fervor (a veces con ceguera) sus proyectos, sus ganas de cambiarlo todo, de revisarlo todo, de revolucionarlo todo.  Los respetabamos porque creíamos que la dinámica que utilizaban los llevarían a separar la paja del trigo, y a depurar sus ideas. Al final, ya no los respetabamos tanto.

Todos eran super rojos, a su lado, nosotros aparecíamos como militantes del PPC o con suerte de la extinta DC.

Intentaron postular sin éxito a la Federación en un par de ocasiones. En ambas ocasiones (si la memoria no es mezquina) no pudieron inscribir sus candidaturas, por un tema de notas (quien motiva este post, no tenía notas aprobatorias);  luego fue por un tema de firmas (no lograron reunirlas en tiempo).

Algunos de quienes frecuentaban aquel grupo de “los comunistas” con ideas teñidas de un rojo intenso y ubicadas bien a la izquierda (allí donde la izquierda corre el peligro de la cuadratura del círculo y entenderse con el ala más dura de la derecha), son liberales ahora (pero de los malos), otros vinieron a la facultad de Derecho, y se han convertido en excelentes prospectos de abogados, con gran destreza en la defensa de corporaciones, transnacionales y aplicación irrestricta y fanática del Análisis Económico del Derecho; otros siguen siendo tan asnos como en aquel entonces (hablo de uno en concreto, H., quien alguna vez amenazo con golpearme (¿?), claro yo tenía 18 y él 24, ahora llevamos la fiesta en paz, pero no es menos asno por ello)

nacionalidad alemana

Quien motiva el presente post, transito por Ingeniería, y ahora me comentan que esta en Sociales. En aquellos días llevaba el cabello largo, vestía semi formal, andaba siempre con algún libro debajo del brazo y tenía una mirada agresiva. Era viejo ya en aquello días, y no hablaba mucho, más cuando lo hacía parecía que lo disfrutaba mucho, pues hablaba como quien pontifica, aunque los vanguardistas de aquel entonces, no veíamos nada de novedoso o creativo en sus dichos y decires y si mucho de barniz y terminología vieja.

Hace unos instante me comenta un viejo vanguardista que lo encontró no sé dónde y que conversaron cual si fuesen los grandes amigos del barrio.

Tiene la nacionalidad alemana (sí, che, ha sido perseguido político y se le han dado!).
Le dieron asilo político.
Le ha ganado o le esta ganando un juicio al Estado (ha padecido mucho, che, en serio, sus viejos, el Estado, en verdad).
Trabaja para la cooperación, concretamente GTZ por unos cuatro mil euros mensuales.
Tiene una 4×4 Hi Lux…
Y eso que no termina la facu’

Pienso, contento por él y su nacionalidad alemana, pero triste por todo lo que esas anécdotas y pequeñas delicias de la vida conyugal significan: esa fue la izquierda peruana, no son mejores, ni peores…

Ahí va, cruzando el agua… el viejo Poseidón, rey del mar! (sNm)
Al final del día, todo ha sido música para camaleones.

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