la ironía de la libertad de expresión en la PUCP

Aparecido originalmente en: http://www.vanguardiauniversitaria.tk

Lo otro: amague de respuesta PUCP, vía La Mula


Desde hace ya buen tiempo existe el Estandar Social (2006), un panel informativo ubicado en la Facultad de Sociales, dirigido por Javier Martell. Ahora aparece en Estudios Generales Ciencias y también en Letras, además del blog que funciona básicamente como una repetidora de eventos, convocatorias, etc.

A Javier lo conocimos cuando fungíamos de voluntarios de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, luego cuando nos tocó presidir la Federación de Estudiantes.

Al Estandar Social lo habíamos visto sin caer en él (léase sin prestarle demasiada atención)…, hasta que en el verano del 2008, en una convocatoria a miembros de la revista de estudiantes Puntos Suspensivos, conocimos a Esteban Poole (bisoño lleno de entusiasmo, cargado de información y con tremendos ímpetus que le impedían dejar de hablar y de opinar -la mayor de las veces con propiedad y fundamento, debemos reconocer- sobre todo), quien dijo venir a la entrevista gracias a Javier Martell del Estandar Social.

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El efecto silenciador de la libertad de expresión:

En los últimos días, el Estandar Social ha sido censurado,  Javier no ha corrido mejor suerte: le han abierto un proceso disciplinario por supuesta agresión a un empleado (ver el vídeo). Por otra parte, la Facultad de Sociales, en la persona de su Secretario, el señor Luis Mujica, notificó a Javier de las 24 horas que tenía para el retiro de su panel, hasta que se regularice la situación vía permisos y demás burocracia. Don Luis Mujica preguntado por IPYS sobre el particular no ha dicho esta boca es mía, por ser un asunto interno PUCP.

oh!

Aquí una narración más exhaustiva de los hechos, de mano del propio autor, incluye cartas de la autoridad citada, para que cada quién vaya armando sus conclusiones.

Reglas sobre la libertad de expresión en la PUCP:

La libertad de expresión esta tutelada por infinidad de documentos, desde nuestra Constitución, pasando por Pactos y Tratados Internacionales, llegando al propio Estatuto de nuestra universidad. Ello no es gratuito: la libertad de expresión constituye un valor fundamental, inherente al sentido de los derechos y a la textura que toda democracia debe tener, en este sentido, la PUCP no es ajena a la implementación de un escenario en el cual todas las voces puedan expresarse con libertad, equidad y respeto (no entraremos aquí a discutir el asunto del hate speech ).

En el pasado, el debate de lo público partía de la premisa que la Autoridad constituye un peligro para la libertad de expresión, lo cual daba razones para prever sus intromisiones y construir herramientas de defensa y protección (Owen Fiss, La ironía de la libertad de expresión. Gedisa, 1999).

Hoy por hoy, y con todo el tanatismo en que nos hemos visto inmersos, por el problema con los bienes y herencia Riva Agüero,  se genera la sensación de volver al pasado (entendiendo este como un relato y no como un recurso), en la cual la Autoridad denosta fantásticos esfuerzos por aparecer -nuevamente- como un enemigo natural de la libertad. Parafraseando a Owen Fiss, la PUCP sería vista como si tratase de silenciar a los individuos miembros de la Comunidad Universitaria.

Ignoramos si “cuanta más expresión”, mejor, pero sin duda “cuanta más diversa la expresión”, mejor. En el caso concreto, la PUCP vs. el Estandar Social, la autoridad tira la pelota por otro lado, tratando de restringir la cancha, con miras a limitar la expresión de los estudiantes (los costos de expresarse en el campus son elevados, en terminos de permisos, solicitudes, cartas y carencias, convirtiéndose en toda una odisea el colocar un panel, colgar un banderola, repartir volantes, etc., etc.), quienes en últimas, van demostrando -salvo excepciones- que poco o nada tienen que decir.

En tanto esto último no cambie, la perspectiva vigente, seguirá avasallando a quienes intenten alzar la voz.

Finalmente, una interpretación democrática y constitucional, del sentido de la libertad de expresión, debe llevarnos  ampliar los términos del debate público, dotándolo de un carácter “desinhibido, abierto y vigoroso”. La autoridad cuenta con los recursos y el poder para silenciar cualquier otro discurso (debido a la intensidad y factura de los medios con que cuenta: de comunicación y de coerción), dado que las cosas no nos llueven del cielo, y que el discurso de la afirmación de los derechos es un discurso de conquistas… a decir las cosas fuerte y claro, sin temor, ni ambages… hacer esto, como corresponde, es estar verdaderamente a la vanguardia…

Ps.-

Debemos decir que El Estandar Social no es un medio constestario ni por asomo, sino más bien, uno informativo, reproduce noticias tomadas de otros medios. En tiempos de elecciones estudiantiles elabora una suerte de boletín.  Es importante destacar esto, pues nos dice que no se trata necesariamente de una intolerancia, sino quizá de una necedad por parte de alguna autoridad confundida.

Cabe mencionar que este asunto, lo hemos venido trabajando, a partir del debate suscitado con ocasión del  I Encuentro de grupos estudiantiles, con los compañeros de UNES, también ha sido materia de la entrevista que le hicieramos hace unas semanas, al entonces rector, ingeniero Guzmán Barrón (quedo claro que el asunto había estado bastante descuidado).

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