Toledo.


Alejandro Toledo fue o pudo ser el significante de muchas cosas. Quizá la camiseta le quedo grande o quizá el país, sumido aun en mil y tres complejos y a la busca de resolverlos por la vía fácil, le endilgó sus traumas.

No he sido partidario de don Alejandro, y recuerdo sí, haberle increpado a un maestro mío, si pase a Perú Posible, cuando antaño él había no sólo ayudado a construir la Izquierda Unida, sino incluso fue su último candidato presidencial. Dicho sea, aquella persona se tomó el tiempo y me explicó el periplo político por el que había pasado. Dijo también que esta era su última intervención en política (¡Qué falta nos hace ahora!).

Volvamos a Toledo, quien era nuevo en el barrio que es la clase dirigente del país. Luego de sumas, divisiones y restas, considero que el saldo de la presidencia Toledo es bueno. ¿Pudo ser mejor?, sin dudas, pero todos somos generales luego de la batalla.

Hace a varios días, un amigo entrañable, con quien estuvimos bebiendo cervezas en Quilca, me hizo llegar una nota de La Nación.

Oh!, sorpresa, la nota derrama flores y lisonjas para nuestro ex Presidente.Ya vendrán tiempos mejores, y con ellos, para el país espero, la vuelta de Toledo. Si García siendo un criminal ha podido enmendar en mucho la plana, creo que Toledo bien podrá sacar en limpio lo bueno, lo malo y aquello que no se debe repetir.

Ahora, lo dicho en La Nación (resaltados donde hay que poner el ojo al piojo):

Hay desánimo. Hay apatía y malhumor. Se sigue hablando en voz baja, pero ya no sólo por temor a represalias, sino más bien por resignación. Se pronuncien públicamente o no, se hagan gestiones ante lo más alto del poder, se arme un buen foro de debate con invitados de fuste, la impresión es que nada cambiará.

El mundo empresario argentino está tan desilusionado como alerta, predispuesto al sobresalto como no se ha observado aquí en años. Es la mano de la política la que acecha, la arbitrariedad de un Estado listo para acabar de un zarpazo con el esfuerzo personal de años o de pulverizar el más impecable cuadro de resultados. Es un desánimo que va más allá del optimismo que los empresarios manifestaron en la encuesta de IDEA, publicada días atrás, por la recuperación económica del país, impulsada por el repunte de la economía internacional.

Esa desazón, mezcla de incredulidad y enojo, adquiere mayor dramatismo cuando la economía mundial, según indican los números del segundo trimestre de este año, se recupera “en todas partes del mundo y al mismo tiempo”, como señaló el analista internacional Jorge Castro. China y la India crecen al 8 y 7 por ciento, respectivamente, exportando prosperidad de la mano de la agroindustria y los servicios tecnológicos. Brasil provoca envidia por su grado de planificación y prestigio del Primer Mundo. Hasta Uruguay nos empequeñece con su asombroso repunte económico y el ejemplo de convivencia política de su reciente contienda electoral.

¿Qué pasa, entonces, para que los hombres de negocios exhiban tanta impotencia y frustración? ¿Qué pasa para que en pasillos e intervalos se escuche que “hay que hacer la plancha”, no arriesgar, buscar oportunidades en otros lados y hasta “salvar el pellejo”, como dijo a LA NACION el ex director de una de las grandes empresas de servicios públicos?

Pasa que se evaporó la confianza, que la reacción del poder político ante la derrota electoral no pudo ser peor y que las señales emitidas desde entonces desalientan hasta la estupefacción. Pasa, coinciden aquí, que en lo más alto hace rato se ha dejado de escuchar a quienes invierten y ponen en juego su capital. Por el contrario: se insiste en el ejercicio de un poder inflexible, absoluto, que configura un clima asfixiante y tóxico. Dejemos por un momento el Indec, el Consejo de la Magistratura y la maraña de regulaciones que ahogan al sector privado. Pongamos a un costado también el auspicioso regreso a los mercados internacionales o los anuncios de asistencia social de las últimas horas.

Lo que se dice aquí es que no hay ni habrá clima de negocios posible, esto es, nuevas inversiones, si el Gobierno no revisa por completo sus formas de convivencia democrática. “Hay que esperar hasta el 10 de diciembre a ver si cambia la cosa, porque ni la mejor de las medidas que anuncien los Kirchner será buena si siguen cortándose solos y dividiendo al país en dos”, se resignó un industrial de primer nivel.

Hasta el propio gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, se apartó por un momento de la ambigüedad retórica e intercaló, en la mitad del discurso inaugural, de forma casi imperceptible, seis palabras: “La Argentina necesita construir, no destruir”. Fue un gesto apreciado entre los asistentes, pero que no alcanzó a borrar ?todo hay que decirlo? el interrogante sobre cómo explicar tanta incondicionalidad con modos y políticas reprobados hace poco en las urnas.

Hubo en este encuentro cerca de 800 empresarios, ejecutivos, políticos y dirigentes sumamente preocupados por el curso que ofrece hoy la Argentina. Hubo un tema dominante que sobrevoló las tres jornadas y es la necesidad de que el conjunto de las fuerzas emprendan políticas de estado: acuerdos, diálogo, consenso, orden, reglas de juegos estables.

La duda que dominó el foro fue siempre la misma: ¿por qué creer hoy que ese camino es posible tras décadas de descreimiento y equívocos? Rodolfo Terragno, que viene impulsando por todo el arco político su plan de desarrollo multipartidario 2010-2016, admitió que percibe en la dirigencia una voluntad de escuchar inédita, que los argentinos estamos acaso listos como nunca antes.

John Edwards, ex asesor del gobierno australiano, alentó esa idea en otro panel. Explicó que el milagro económico de su país ?18 años ininterrumpidos de crecimiento a un 4 por ciento? tuvo origen en dos sucesos clave: el agotamiento político provocado por una crisis de alta inflación y la certeza de los dos partidos mayoritarios de que las cosas tenían que cambiar. “El éxito viene del fracaso. En Australia un acuerdo político reconoció el fin del sistema anterior. Hay situaciones en las que la cuerda se rompe”, dijo, como si estuviera leyendo las caras largas que lo rodeaban.

Los gestos de camaradería y afecto que se prodigaron en otra mesa redonda el radical Oscar Aguad, el liberal Pro Federico Pinedo y Adrián Pérez, de la Coalición Cívica fueron interpretados como la semilla de lo que debe sobrevenir. Los tres parecen ir camino a convertirse en una suerte de mesa de enlace aplicada a la política: unidad por sobre todo, deponiendo intereses personales tras objetivos superiores, tratarse bien, escucharse y respetarse como consignas. Un comensal hizo notar que allí estaba ausente el PJ disidente.

“Ha llegado el tiempo de dejar de cometer los mismos errores. ¿Vieron cómo se habla de acuerdos en estos días? Como nunca. Termina una época de desencuentros. Es el fin de un ciclo”, se entusiasmó Aguad. La audiencia le recordará esa frase el año que viene si se excedió en su entusiasmo.

No caigamos en el facilismo de responsabilizar sólo a los políticos, la culpa no es sólo de ellos, advirtió el filósofo Enrique Valiente Noailles. “Nuestra sociedad esconde un mercado negro de valores. Hay cosas que tenemos que hacer nosotros mismos”, dijo, apuntando a la manía criolla de predicar una cosa y hacer otra.

* * *

El final lo dejamos para la figura descollante del Coloquio, que acaparó todos los comentarios y fue ovacionado de pie, sobre el filo de la medianoche de ayer.

Se trató de un diminuto profesor universitario de rasgos indígenas, uno más de 16 hermanos, que se definió a sí mismo como “un error estadístico” por provenir de la pobreza extrema y haberse graduado en Economía en la Universidad de Stanford, California. Presidente del Perú entre 2001 y 2006, Alejandro Toledo disertó con modos teatrales: silencios, guiños, emoción, deleitando a la platea como si fuera Alfredo Alcón. Cuarenta y cinco minutos sin que volara una mosca. Hasta las mujeres de los empresarios, poco propensas a atender la maratón de conferencias, aplaudieron a rabiar. Fotos, autógrafos y contratos para futuros foros. Toledo convirtió el encuentro de IDEA en una tribuna de fútbol.

Aunque aclaró que no hablaría de la Argentina, instantes después sus palabras iban a contradecirlo. “Señores: implementar políticas de Estado implica para los líderes tener el coraje de saber que uno no obtendrá el rédito de lo que pone en marcha”, arrancó. “La legitimidad de una democracia ?siguió? no nace sólo del voto, de las elecciones. No es suficiente ser elegido democráticamente, es más difícil gobernar democráticamente.”

Parecía leer la mente de los presentes: “Los grandes estadistas piensan en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Hubo más: “Basta de izquierdas y derechas. Hay gobiernos eficaces que entregan resultados concretos o hay gobiernos ineficaces. Que nuestros líderes rindan cuentas”.

Entonces fue por el premio mayor. Toledo se animó a abordar un tema que crece en la inquietud general: las amenazas a la libertad de expresión en la Argentina. El ex mandatario relató el fastidio que le significó el incesante escrutinio de los medios de comunicación durante su mandato (por acusaciones de corrupción que involucraron a familiares). Dijo que había sido injustamente tratado a lo largo de su gestión pero? tomó aire, hizo una larga pausa y sentenció: “Pero que algo les quede claro: se puede gobernar con o sin la prensa, pero nunca contra la prensa”. El amplio salón del Sheraton se vino abajo. Tronaron gritos de “¡Bravo!” Los empresarios emiten sus mensajes de mil maneras.

Eran las 0.10 de ayer y este cronista coincidió en el ascensor con el directivo de una compañía líder en productos químicos. “Es deprimente venir a IDEA ?se secó la frente?. Primero nos trajeron a Fernando Enrique Cardoso, que nos dejó con la boca abierta, el año pasado nos maravilló el chileno Ricardo Lagos y ahora Toledo nos da lecciones de estadista y liderazgo. ¿Cuándo la Argentina tendrá, de una buena vez, un líder así?”


Cada quien, sus conclusiones, aquí la web, blog o lo que sea de Toledo.

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2 comentarios en “Toledo.

  1. Lo bueno de Toledo es que se rodeó de ministros d eprimer nivele y eso es un mérito. No es un acomplejado como Alan García que se rodea de mediocres que solo valen algo por la mermelada que reparten a la prensa. Por lo pronto Mercedes Araoz fue defenestrada del Consejo de Competividad de Toledo por incapaz e inepta. la botó David Lemor, pero con Alan García es ministra solo porque muestra curvas pero no ha hecho nada util por el sector. Toledo tuvo gente A/1 como Carlos Ferrero, PPK, Bruce, Juan Sheput, David Lemor, Manuel rodr[iguez Cuadros, roberto Chiabra. Cada uno de ellos vale mucho m[as que cualquiera de los secretarios de Garc[ia.

  2. Pingback: Toledo : Sysmaya

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