el otro asalto navideño.

Por el trajín de estos días casi olvido compartir en este canal un texto sabroso del genio Giancarlo Poma Linares, editor de cultura de la revista Puntos Suspensivos.

Aquí para su disfrute:

Querido Papá Noel:

Ante todo, mea culpa. Soy yo el pendenciero que le quita las frutas confitadas al panetón (y ni siquiera me las como); soy yo el inescrupuloso que desenchufa las lucecitas del árbol a medianoche solo para cargar la batería del celular. Ajá, el ultimate tumbalafiesta. A la hora del villancico, tarareo el Aserejé. Hasta me robo el Baltasar de los nacimientos para acusar a la gente de racista. Y sé que no tengo excusa, Noelito, pero tú me conoces. Parafraseando a Luis Hernández: tú me manyas, cuñao. Ya que supuestamente la pegas de panóptico y tienes una memoria de mil terabytes, recuerda la Nochebuena del ’92, cuando me quemé los dedos manipulando una chispita Mariposa y nunca hubo otro chiquillo más monse, ¿no?

En fin, a lo que iba. Admito que siempre me niego redondear el vuelto del supermercado (porque Cáritas no se quedará con mis cuatro céntimos) y que me hice el dormido aquella vez que una abuelita con hemiplejia se subió al micro, pero no arrojes todavía esta carta al reno de la basura, que no escribo por ningún regalo. De veras. A diferencia del resto de mamones egoístas que sólo se acuerdan de ti para pedir un Play Station 3 o el calzón usado de Tilsa Lozano, lo que yo quiero es ofrecerte mi solidaridad en este difícil momento que te ha tocado vivir. Porque yo sí que me di cuenta, eh. Yo sí que me hice la idea de cómo se te habrá laciado la barba cuando te enteraste del fiasco que fue Copenhague.

Pero qué podías esperar de tanto mastuerzo junto, Noelito. El que menos se hizo el loco en Dinamarca y pronto de tu Polo Norte no quedará ni raspadilla. ¿Te habrán twitteado al menos para reubicarte? Mínimo, Hu Jin Tao debería portarse con un chalecito (o al menos el quinto piso del Instituto Confucio). Y te dije que Obama no era de confiar. Más te hubiera valido llevarle regalos a Angobaldo.

¡Por eso hay que espabilarse, Noelito! Si el mundo ha decidido darte la espalda, Dios los coja confesados (y con harto lubricante):

– ¿Te has fijado cuánto gana la Coca Cola anunciando al «verdadero Papá Noel»? Anda y cobra regalías, barbón. Y ni qué decir de cuánto ofrecería Pepsi por la exclusividad. Generation Next, ahí está el billete.

– ¡Cierra esa inútil fábrica de juguetes! Organiza a tus duendes y mándalos a Taiwan a hacer zapatillas por tres dólares diarios (y coge tu comisión, que se te escapa la tortuga).

Más en:

SATAN CLAUS IS COMMING TO TOWN!

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