lecturas y centros

Retomamos Millenium, la novela va bien.

Estuve leyendo un librito de la serie ficciones Narrativa, del Fondo Editorial PUCP, intitulado “Los fines del mundo”, de José B. Adolph: no se pierde nada pasando sus páginas y hay que reconocer que el tío tiene su gracia.

Retome a Cotler, o fui compeledio a hacerlo, pues mi padre viene estudiando derecho y me pidió ayuda con un trabajo; por ello, tuve que repasar al valioso intelectual de Clases, Estado y Nación. Vale volver a Cotler para no olvidar algunas cosas y entender mejor otras. Concretamente, estuve pensando en lo que significaron algunos centros de cultura, formación y pensamiento como lo fueron el (Real) Convictorio de San Carlos y el (Primero) Colegio Nuestra Señora de Guadalupe: conservador, clerical y de tintes coloniales el primero, liberal, progresista y republicano el segundo.

Pienso en los destinos que ambos lugares tuvieron y tienen, pues en diferentes momentos uno tuvo cierta permanencia, pues paso a ser parte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (la Facultad de Letras y Ciencias Humanas), mientras que el Guadalupe fue clausurado durante el gobierno de Echenique. Ya en nuestros tiempos, San Marcos, pese a todo, sigue intentando ser San Marcos (y de su claustro salen proyectos como nuestra Universidad Católica, beneficiados por personajes del conservadurismo peruano, como don José de la Riva Agüero), mientras que el Colegio Guadalupe, centro de educación primaria y secundaria, devino en pobreza y crisis de la mayor envergadura.

La ironía de las cosas es que las ideologías que ambos centros representaban han corrido la suerte de sus lugares fundantes: el conservadurismo de corte clerical, subió un peldaño, fue centro universitario y finalmente, materia prima de otro centro, que mantiene vigencia -aunque con u discurso algo más libre, pero igualmente católico y pese a su pretendida factura republicana (me refiero a mi universidad: la Pontificia Universidad Católica del Perú). El liberalismo que representaba el siempre mentado Colegio Guadalupe, se fue a la baja, y en lugar de apostar por dicho espacio, como espacio de formación y práctica universitaria, optaron por relegarlo a la categoría de centro educativo de aprestamiento escolar.

Finalmente, y escribo en caliente o como decía Sussie Zusman, pensando en un pie, y conello me animo a  decir que, en cierta medida, incluso a nivel escolar, el Guadalupe fue atacado, pues recordemos que desde 1847 existe el Externado de Santo Toribio (mi colegio de toda la vida), que se ocupo de dar batalla, teniendo a su frente a quien hiciese las veces de Arzobispo de Lima…

Ya luego han venido otros colegios, otros institutos, otras universidades y el asunto, aparece como libre de ideología, cuando en realidad, lo que pasa es que i) la hegemonía de una moral (la católica) ha desplazado e hecho innecesario ese debate -a ello abona, determinados procesos modernos; y ii) existe un camaleónico disfraz que le permite a uno predicar distancia, tecnicismo, ciencia y tecnología, amén del orden y progreso del positivismo (y no me refiero sólo al jurídico), cuando ello no es sino una forma novedosa de hacer más de lo de siempre: encubrir un discurso bajo la herramienta de la técnica y mantener un determinado orden de cosas, de modo tal que ninguna estructura cambia, sino por el contrario se asume dentro de la práctica colectiva como normal.

Y al final?, y al final uno se muere, algo así le decía el negro Ambrosio a Zavalita, en la última página de “Conversación en la Catedral”.

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