Docere, movere et delectare

Las buenas ideas no solo deben serlo sino también ser adecuadamente presentadas.

Ayer, luego de algún tiempo, y gracias a la invitación de Vanguardia Universitaria, tuve ocasión de compartir un Taller de Debate con los integrantes de algunas listas para diferentes Centros Federados.

La idea ha sido brindar herramientas que contribuyan a que los muchachos que ahora apuestan por hacer política en las aulas, puedan exponer sus ideas y argumentos de la forma más clara, adecuada y contundente posible.

Para ello, practicamos sobre el pucho, dinámicas que abonen a su agilidad mental, a la facilidad de la palabra y su capacidad dialéctica.

Hemos trabajado con rigor, corregido como cuando Cicerón, la pronunciación, el tono, el ritmo, la sonoridad, los gestos y cuanto defecto se pudiera observar. Hemos combinado las formas y los contenidos, y fijado la atención en ambos.

He visto talento, y es justo reconocerlo, saludarlo. Hay mucho por hacer y ha sido una alegría poder estar al inicio.

El tiempo quedo corto y hubiese sido genial poder contar con un par de sesiones más.

Escribo esto, pues quizá he sido muy severo, quizá los he maltratado mucho, quizá también, no lo suficiente.

En mi defensa digo que la situación lo ameritaba, que las condiciones no demandaban sino enfrentamientos duros y descarnados, entre los extraños que ayer llenaron el aula.

No albergo dudas: vencerán en sus debates, se sienten confiados y hemos logrado ensayar, corregir, ensayar, corregir y volver a ensayar.

En el país no tenemos una cultura de debate, y esto tiene un impacto intenso en como interactuamos con el otro. Uno discrepa y el contendor estima que esto es un asunto personal. La gente se torna resentida, se ofende y etc.

Sin polémica, sin crítica, sin dialogo, sin propuestas, sin debate, no hay democracia, no hay deliberación, no hay desarrollo. En la disidencia, la libertad, en el silencio, la unanimidad en el error.

Un amigo me escribe desde los extramuros, con entusiasmo y constancia, que no olvide, que recuerde siempre, que las personas con vocación política son seres de otra especie (y parafrasea a Felipe González):

“los políticos (o los que pretendemos serlo, aspiramos a serlo, o estamos destinados a serlo), los verdaderos políticos, somos seres de otra especie. Consistencia y lucidez para ver la realidad y el análisis de la lucha política, capacidad de soñar en una utopía transformadora que haga un mundo más justo, inmenso amor por el país, humildad para rectificar y firmeza para seguir el camino. No te olvides de eso querido amigo, y no te dejes avasallar por las corrientes dominantes de los que se “arañan por todo”…”

Ps.- me llevo a casa la fortaleza emocional que uno de los muchachos, miembro de vanguardia, pudo demostrar. Allí señores, tienen un nuevo líder.

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