SANGRE EN LAS MEJILLAS (por Carlitos León)

Era 2010, era el día anterior al último día de 2010. Luego sería 2011.

Sin mucho ánimo, fui con mi novia por unas sandalias porque sin mucho ánimo iríamos a Ica, porque sin mucho ánimo estaba allá su familia y habían pagado a Los Pinochos, que empezaron con ánimo pero terminaron borrachos, para que toquen en eso que luego sería 2011.

El Centro de Lima me pertenece, y eso lo tenemos todos claros. Me siento seguro, tranquilo, confiado. Nada malo va a pasarme aquí, en el caso histórico de la ciudad. Camino y camino, buscando sandalias. No encontraré sandalias sino hasta muy tarde, en otro lugar, y creyendo que a buen precio.

No encuentro sandalias a pesar de la infinidad de tiendas de zapatos que inundan el Jirón de la Unión. Encuentro, apoyado, mirando la Plaza San Martín a Carlitox. Carlitox usa lentes, tiene una nariz prominente como la mía -cuando juntos, pensaban que eramos hermanos-, tiene una sonrisa abierte y honesta, de la que yo carezco.

Carlitox espera, mi novia dice que lo asustemos. Carlitox espera a un amigo, un poeta, sanmarquino, también escribe, creo que me dice. Yo ya no escribo sino cuando recibo estímulos como el relato que Carlitox me ha enviado ayer noche, junto a su mensaje en mi muro de facebook: “LA CRÓNICA ESTA LISTA. TE LA ACABO DE MANDAR AL CORREO.”

Carlitox espera al poeta, mientras yo busco sandalias. No tengo éxito y el poeta sanmarquino aparece. Parece buen muchacho, aunque no me persuado de que sea poeta. A ver, recitate algo le digo. Nadie ríe. Quedamos de tomar una cervezas en el Ciro’s, en Quilca, ni bien encuentre mis sandalias. Entonces, nos dice que no tiene celular, pues ayer, o el día anterior a ese, o el que le sigue, terminó en la Av. México, en La Victoria, borracho y entender muy qué pasaba.

Carlitox ha trabajado siempre, es un peleador que se enfrenta a cada día con una alegría y un temple que pocos tiene. Carlitox es de aquellos que se empeñan en vivir y en vivir a toda costa. Confunde mucho la realidad con la ficción, porque la ficción también se empeña en participar de su vida. Carlitox bebe un día, por su cumpleaños, y al día siguiente, mientras la resaca pasa, esta viajando a la selva, por un puñado de billetes y una anécdota a entrevistar a una emerretista, La Gringa.

Carlitox encuentra que hay un concierto, y compra tickets, y viaja a la Argentina porque es allí a donde tocan. Carlitox paga sus tickets fungiendo de profesor de natación durante un verano. No registra ningún ahogado.

Carlitox va por la vida dando pelea, feliz de la oportunidad de afrontar dicho desafío. A continuación un texto en el que Carlitox se relaja y se deja hacer…

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SANGRE EN LAS MEJILLAS

(por Carlitos León)

 

Esto empezó así, tomábamos unas cervezas en Barranco con amigos del trabajo, y un hombre mayor entro al bar muy borracho, se derretía. Yo lo vi caer, todos volteamos a verlo luego seguimos tomando. Pero yo retrocedía la escena y la volvía a repetir lentamente. El hombre sangraba por las mejillas y no se quejaba, se le veía muy triste como si llorará por dentro. 

Después de tres cajas y media de cervezas no recuerdo como aparecí en el Centro de Lima, recuerdo escenas y claro el final, que no fue triste, tampoco de miedo, pero si muy raro, muy raro… pero muy dentro de lo normal.

Bueno, yo caminaba por una calle. Un amigo y yo caminábamos por una calle  que nos llevaría directamente al Munich, y al encontrarla cerrada, el optó por buscar un lugar con chicas, yo lo seguí con poco interés, no dábamos con el lugar.  Después de dar un par de vueltas y preguntas, llegamos a ¡Safarí! creo que en este punto empezó la pesadilla, y la sangre comenzó a tomar sentido.

Nos sentamos con dos chicas y pedimos una jarra de cerveza que nos costó, que le costó a mi compañero 20 soles, conversábamos con interés, yo conversaba con una chiquilla que tenía lindos ojos, y le preguntaba si podía tirármela, me dijo que eso dependía de la chica, pero que no todas lo hacían, me pareció raro, y me puse un poco triste, a veces suelo ponerme muy triste por cosas insignificantes, hasta yo mismo me sorprendo, es increíble.  Se pusieron de pie y nos dijeron que se iban a ir a cambiar. Pedí una jarra más y pagué con 50 soles, de los cuales nunca recibí mi vuelto.  Mi amigo hablaba con el mozo.

Me puse de pie aburrido, y caminé un poco por el lugar, había una mujer deslizándose por un tubo, y unos hombres besaban a una chica cerca del baño, caminé hasta el final de la barra, no era un lugar muy grande, doblé por el escenario y tomé el camino de vuelta mientras observaba a la mujer del tubo, al regresar veía las mesas, todas llenas, todos contentos, mi amigo había desaparecido de la mesa donde nos sentábamos. Le pregunté a una chica que estaba cerca si lo había visto, le di algunos detalles, solo movió la cabeza o algo así, tenía una ropa horrible, le pregunté si quería acompañarme al segundo piso, pero primero a un cajero, volvió a mover la cabeza, la tomé de la mano y salíamos hacia la calle por un camino angosto. Mientras le miraba las orejas, una mano salió de la pared y me detuvo, era mi amigo, le expliqué a donde iba, y él me dijo que no, le insistí tanto que me dijo que él me acompañaría.

Salir era volver a perdernos, y arriesgarnos a que nos roben, no pensaba en nada de eso, solo quería regresar y subir con esa chiquilla al segundo piso. Saqué 50 soles más, regresamos dando tumbos por las calles, pateando la basura, algunas botellas, jugando con los perros, ni siquiera volteaba a mirar hacia atrás. Llegábamos al Safari, lentamente el aire era más caliente. Por suerte encontré a la que buscaba y subí con ella al segundo piso, lugar extraño, la luz sólo cubría la entrada de las escaleras y quizás un poco más, las paredes eran de alfombra roja y con relieve dentado, unos asientos blancos de pollería se colocaban a la derecha, era una estación vieja de tren, un circo atroz y maligno, habían criaturas donde no había luz, las veía avanzar con prudencia y la boca hambrienta.

De igual modo, senté a la chiquilla sobre mis rodillas, me acercaba a su oído y le decía si podía arrodillarse, no me respondía, luego la besaba y estiró la mano tendiendo un puente hacia su boca, le solté los 50 soles, la volví a besar y se deslizó hacia la oscuridad, la oí gritar, ni siquiera me atreví a voltear, sólo estiré la boca. Fue excitante sobre todo por tener a esos monstruos detrás mirándome. Bajé al primer piso un poco más contento, y con ganas de bailar, pero ya no encontraba a nadie disponible.

Mi amigo no estaba, me acerqué a una gorda que se encontraba solitaria en la barra, le pregunté si quería bailar, suelo ser muy amable con estas mujeres feas, no tengo la menor idea de por qué, pero ellas también lo son conmigo, creo que les doy confianza. Me dijo que le invitará un trago, pero solo tenía algunas monedas, le sonreí y di la vuelta, busqué a mi compañero por todos lados, y no lo hallé. Fui al baño a refrescarme me miré en el espejo y me vi un poco cansado, distorsionado, mañana era viernes y tenía trabajo, no me asustaba la idea, deseaba tener más dinero para gastar.

Lo siguiente que recuerdo es a un hombre que me rebuscaba los bolsillos y viajaba en un taxi, mi compañero estaba a mi costado y a su lado otro hombre igual, hablé, los traté de amigos, para hacerlos sentir en confianza,  para que no se pongan nerviosos, me pedían más dinero, les dije que no tenía, me revisaron todos los bolsillos y yo me dejaba y le decía: Loco, no tengo más plata, te lo juro, y él me decía: ¿me lo juras? Y yo le decía: te lo juro, se llevaron algo de dinero, no mucho, lo poco que me quedó con esas niñas, mi nextel, mi celular, mi mp3, mis audífonos, un chicle. Les pedí mis papeles, y me dijeron: toma tus papeles, no sé cómo no se dieron cuenta de mi tarjeta, quizás…  también me devolvieron mis llaves. Cuando terminaron conmigo me botaron del taxi, frenaron en plena marcha, me preocupe por mi compañero, mi amigo, luego me preocupé por mí, no sabía dónde estaba, solo había un hombre en una esquina fumándose un falso, mi madre cree que fue un ángel. Me acerqué y le conté que me habían robado, me miró y observó la calle vacía, le pregunté por dónde podía salir, hacia dónde estaba todo, me dijo que caminará de frente, que la siguiente era México.

La calle se veía negra, el poste iluminaba un radio de 2 metros, donde se encontraba el fumador y yo, eran las 3am y me lancé a la oscuridad, nadie podría verme, caminaba rápido y confiaba que al final llegaría a la Vía Expresa, al llegar a la esquina mi compañero salió a mi encuentro y me preguntó si estaba bien, le dije que había que salir primero del infierno que había que caminar derecho, mi amigo cojeaba, le pregunté por qué cojeaba pero empezamos a correr, después volvimos a caminar, y él volvió a cojear, seguíamos lejos del final, yo llegué primero,  apareció un taxi, lo paré, le dije que nos habían robado, le grité a mi amigo para apurarlo a entrar al taxi, ni siquiera miré hacia atrás. Al llegar a mi casa, le pagué en el cajero más cercano. Mi amigo se sobaba la canilla, subió al mismo taxi y se fue corriendo. No nos despedimos.

Dormí unas horas y llegué temprano al trabajo, era horrible, todo era horrible. Me desperté y seguía en el trabajo. Salí de la oscuridad, lo recordaba,  luego recordaba la sangre en las mejillas de ese borrachín. Sé que todo tendrá un buen final, pero cuándo, eso me tiene preocupado. Volví la cabeza hacia atrás y mi jefe me observaba detrás de la mampara. Me quería asustar.

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