castigar es elegir-

Releo algunas páginas de “De la justicia penal a la justicia social” de Roberto Gargarella  (libro autografiado que me enviase a casa en 2010 y que torpemente extravió Edward Dyer), y es imposible no quitarse el sombrero por lo fresco y claro de sus argumentos, por la tundencia de sus ideas y por lo bien escrito del trabajo, amén de la precisa y correcta utilización de fuentes.

Así, Gargarella nos interpela sobre cómo deberían ser producidas las normas penales, qué tipo de sanciones son las que debieran ser aplicadas, y cuáles los fines que persiguen dichas sanciones.

En ninguna de las clases que tome en la Facultad de Derecho nos hicimos estas preguntas. Aprendimos sí sobre el Código Penal, parte especial y parte general. Aprendimos que sin tipicidad no hay nada, y que con la llegada del nuevo Código Procesal Penal, el mundo cambiaría.

Jamás nos preguntamos a dónde van los agresores del ordenamiento, cómo los tratan y bajo qué condiciones se las arreglan. No cuestionábamos si las reglas que estudiadas hacían sentido o no, sino que seguíamos la onda de aprender de memoria como se configuraban los tipos y cómo hacer para salir del tipo y salirnos de paso con la nuestra.

Los principales actores de los asuntos penitenciarios/carcelarios son abogados. No  de cualquier clase: son abogados penalistas. Expertos en el manejo del artefacto normativo llamado Código Penal, pero muchas veces ignorantes de una mirada sociológica crítica del castigo, de una lectura sesuda de la cárcel, incluso del crimen.

Mientras tanto, cada vez tenemos más y más personas bajo el control del sistema penal, lo que quiere decir más y más personas en las facilidades penales.

No hay preguntas sobre la clase de ciudadanos que ponemos tras las rejas. Son agresores, han transgredido las reglas que todos hemos acordado para vivir bien, y por lo tanto, debemos retirarlos de la vida en sociedad, sin importar mucho su suerte o destino… aunque “si las cárceles empiezan a llenarse de personas de un mismo origen social y racial, uno tiene razones para sospechar que ello tiene mucho menos que ver con la naturaleza de ciertas personas o grupos sociales (“los drogadictos”, “los pobres”) que con decisiones, explícita o implícitamente tomadas por los administradores del derecho penal” (Gargarella: 2008, 255).

Castigar significa ante todo elegir: elegir razones para castigar, elegir qué se castiga, elegir a quiénes se castiga y no menos importante, elegir de qué forma castigar. Creo que no venimos eligiendo (correctamente) nada desde hace mucho…

 

Quizá por allí vayan los tiros, quizá no. De cualquier forma, no es mala la idea de comenzar a reflexionar esos temas de las aulas de las Escuelas de Derecho.

7 comentarios en “castigar es elegir-

  1. La pregunta es si está justificado castigar. El criterio podría ser más funcional y sólo tratar de garantizar que los individuos infractores sean tratados para reducir las probabilidades de que vuelvan a delinquir.

    Desde un punto institucional institucional, y no desde la mirada del ofendido, ¿qué sentido tiene castigar penalmente? Infringir otro mal en nombre de la primera agresión parece tener un sentido de revancha. Se comenten dos conductas perjudiciales para individuos de una sociedad, y al mismo tiempo este castigo no mejora en sí mismo la situación de la sociedad ni siquiera del individuo agredido -sólo tal vez, en el sentido de que puede sentirse complacido del sufrimiento ajeno-.

  2. La pregunta es si está justificado castigar. El criterio podría ser más funcional y sólo tratar de garantizar que los individuos infractores sean tratados para reducir las probabilidades de que vuelvan a delinquir.

    Desde un punto de vista institucional, y no desde la mirada del ofendido, ¿qué sentido tiene castigar penalmente? Infringir otro mal en nombre de la primera agresión parece tener un sentido de revancha. Se comenten dos conductas perjudiciales para individuos de una sociedad, y al mismo tiempo este castigo no mejora en sí mismo la situación de la sociedad ni siquiera del individuo agredido -sólo tal vez, en el sentido de que puede sentirse complacido del sufrimiento ajeno-.

  3. En esta época de cine, recordé el sustituto protagonizada por Angelina Jolie. En ella narran una historia real, en la que el hijo de Jolie se pierde, y donde la policía -absolutamente corrupta por los gangster- dice encontrar a su hijo, que no es y lo saben, haciéndola pasar por loca y finalmente encerrada en la cárcel.
    buena pela, excelente actriz ( más allá de sus voluptuosidades, comenzando por sus vaginales labios)

  4. La historia del castigo es similar a la de la locura o a la de la ceguera: ir dando varazos por aquí y por allá, con la sincera esperanza de que así solucionaremos algo.

    Las primeras razones de castigar a alguien pasaban por aislar y aleccionar, retirar al agresor de la posibilidad de continuar agrediendo, al tiempo que se le dice a los demás que agredir no es correcto.
    Varios años despues, las posiciones sobre el asunto no registran avances, mejoras y lecturas más concienzudas.

    Me quedan algunas inquietudes con tu comentario Edward, pues estimas como “infringir un mal” el castigo, y alguien podría decir que la idea del castigo (el de los padres a los hijos, por ej.) es la de infringir un mal para lograr un bien. Lo otro, no se termina de entender el asunto de la complacencia con el sufrimiento ajeno.

    Alonso, ese es todo el comment o se te disparo?

    abrazo,
    M.

  5. ese era todo el comentario, debí ser más explícito en la idea, a ver.
    Para mi – e intuyo para tí martín, por la cita final de gargarella- la pregunta no es sólo si el castigo es justificado o no, sino QUIÉN CASTIGA, y que lo motiva.
    Por eso la cita a la pela, donde no sólo se le envía a la cárcel sino que previamente se le tildó de loca por no “reconocer a su hijo”.
    usos del poder, aquí foucault y sus ideas vienen bien.
    el fin de castigar, desde la realpolitik, es mantener el estado de las cosas.
    para el marxismo, no habrá delincuentes, cuando se distribuya la riqueza.
    Personalmente es la condición humana, la codicia, el deseo( bien ahí con el budismo) y la perversiones lo que aún llegando al fin de la historia ( osea islandia, y los países escandinavos) en bienestar, tendrá cualquier sociedad, aunque sea mínimo, índice de criminalidad.

  6. pero, sin querer extenderme, resocialización, rehabiltación y la otra, que no recuerdo no son pues en lo concreto los fines que busca el sistema penitenciario.
    de la justicia penal a la Justicia social, no he leído el libro pero el título cautiva.
    Justicia social…..

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