Pequeños hombres, In memoriam

“Declaro haber cumplido y hecho cumplir la Constitución y la ley y que me he esforzado en todos los instantes de mi gestión por ser digno del encargo de Presidente del Congreso, primero; y de Presidente de la República, después”.

Valentín Paniagua, 28 de julio de 2001, último día de su gobierno.

Hace no mucho, un hombre pequeño de estatura era investido con la banda presidencial de un amigo suyo que antes la había vestido en dos ocasiones. La razón por la que este hombre bajito y de bigote usaba tan importante prenda prestada, no era otra que la fuga y posterior renuncia por fax del ingeniero Fujimori, que habiéndose hecho reelegir por vez tercera, fue víctima de sus propias fechorías, las que le explotaron y no le dejaron otra opción que la huida.

Durante el apogeo y vigencia de la dictadura del ingeniero, los magistrados del Tribunal Constitucional no veían con buenos ojos que este postule tantas veces y con tanto entusiasmo. Las instituciones eran frágiles, la prensa hacía comparsa, las fuerzas del orden pendían de la voluntad de un asesor (ahora preso), y así, la democracia no parecía ser aquello que vendían en los manuales.

La oposición era precaria, un elenco de pocas personas, todas ellas identificadas, perseguidas, chuponeadas y –claro está- amenazadas. Se respiraba temor y había temas que era mejor no tocar, personajes de los que mejor no hablar en voz alta, no sea que alguien venga, escuche y se incomode. Yo andaba en el colegio, pero lo recuerdo con meridiana claridad.

En 1997, ese hombre asume la defensa legal de los magistrados del Tribunal Constitucional que fueron apartados de sus cargos, por la incomodidad que ocasionaban al régimen. Sobre este episodio, Joel Campos escribiría para una revista que dirigí en la Universidad: “En un momento tan difícil para nuestro país, atreverse a objetar las decisiones aviesas de esa mafia cleptocrática equivalía a dos cosas: o a ser víctima de una terrible operación de difamación diaria, o a terminar en el ostracismo de la actividad pública. Ningún personaje entonces nombrado ilustre, se atrevió a retar al régimen, todos se quedaron perplejos, y con la misma contrición con que acudían a sus oficinas a dictaminar decretos, o a sus clases a perorar sobre Lasalle y el valor de la Constitución, prefirieron dar vuelta a la página, y esperar a que el temporal pase. De los pocos que no se resignaron a tamaña cobardía, sin duda, se cuenta a Valentín Paniagua.”

Fugado el ingeniero (cuya hija casi gana las elecciones que se fueron, en tanto el benjamín se estrena en el parlamento), los vicepresidentes se hicieron humo. En el Congreso paso algo similar.[1]

En el Malecón 28 de Julio, en el distrito Miraflores, casa del maestro Henry Pease, las fuerzas políticas se reúnen con cautela todavía, y luego de demasiadas horas de cónclave, definen el asunto al filo de la mañana. Don Valentín sería el 47avo. Presidente del Perú.

El país no voto por él. Y ciertamente, no lo eligieron cuando se presento la ocasión. No obstante ello, el 22 de noviembre del 2000, asume con humildad la primera magistratura. Convoca personas de primer nivel, instaura la Comisión de la Verdad (con la que se puede estar de acuerdo o no, pero que cuánta falta le hacía –y le sigue haciendo- al país), y hasta logra se capture a Montesinos.

Valentín Paniagua fue un político digno y correcto, tan honesto como humilde. No se menciona mucho, porque parece que le restaría puntos a su figura, pero era un hombre de su partido: Acción Popular (del que fue Secretario General y también Presidente). Entró de penúltimo en las elecciones al Congreso del año 2000 (esas en las que el ingeniero volvió a ganar).

 Hoy es justo y bueno recordar a uno de los pocos hombres que han hecho política con dignidad y tesón – desde sus inicios como dirigente estudiantil en Cusco, a sus últimos días como candidato presidencial, sin dejar de lado su paso como Ministro de Estado en los dos gobiernos del Presidente don Fernando Belaunde (el otro hombre del primer párrafo, quien prestó la banda)-.

Ahora se cumplen 5 años de su partida, y aquí no se deja de hablar de la derrota ante la selección chilena en el partido de ayer. Me gustaría que nuestros héroes contemporáneos no provengan a exclusividad de la gastronomía o del deporte. Pienso que mucho bien nos haría no olvidar a don Valentín. En los días posteriores a su muerte, se decía que estando tan faltos de políticos y ciudadanos honestos, esta no solo resultaba ser una pérdida, sino un hecho trágico. Creo que olvidarnos de él, no es legítimo. Resulta peor que una tragedia y no hay nada peor que una tragedia… salvo el olvido…

#InfinitaTristeza por el Presidente que el Perú necesitó, pero que no merecía.[2]

NOTA: Aquí una galería de imágenes PUCP.

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[1] Para quienes no lo recuerdan, la elección de Paniagua se dio en sesión especial del Congreso de la República, el 21 de noviembre del 2000. Luego de la renuncia por fax de Fujimori, los llamados a asumir la Presidencia eran los vicepresidentes, en orden de prelación, Francisco Tudela van Breugel Douglas y Ricardo Márquez, sin embargo, ambos prefirieron no abusar de su suerte.A renglón seguido, la Presidenta del Congreso, Martha Hildebrandt, también fujimorista, recibe una moción de censura, quedando libre el puesto de Primer Mandatario.Allí, por 64 votos, Paniagua logra vencer al entusiasta Ricardo Marcenado Frers, fujimorista que alcanzó 51 votos en dicha contienda, y que bien pudo haber dado la sorpresa (para elegir al Defensor del Pueblo se requieren 80 votos del Congreso, pero en aquella ocasión, con 64 tuvimos Presidente).Y esa es la historia de cómo así tuvimos Gobierno de Transición. Cfr https://elvanguardista.wordpress.com/2010/11/23/pequenos-hombres/

[2] http://lamula.pe/2010/11/22/la-decencia-de-paniagua/budadenieve/

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