¿política jurisdiccional?

No conozco al autor del texto. Sin embargo, pienso que resulta pertinente compartirlo. el Poder Judicial continua siendo la última rueda del coche. La justicia en este país anda muy mal y poca gente se compromete con el asunto. Si bien es cierto, un número cada vez más mayor de jóvenes profesionales se inserta en la gestión pública, lo que es el PJ, no registra mucha variación. Esto debe cambiar.

Los problemas del Poder Judicial, hay que decirlo también, no son solo la poca independencia de sus jueces, su limitada creatividad, o la falta de juristas serios, honestos y buenos. Existen otros problemas que tienen que ver con la situación de los secretarios, de los asistentes, del personal CAS, de la gente en mesa de partes que no hace su chamba o te pone mala cara. Existe una subestructura feroz (y mal pagada), que aguanta los cambios y resiste, y que contribuye en mucho no solo a la pobre cultura jurídica de nuestro país, sino también a la corrupción que sabemos todos, aun impera en el Poder Judicial.

¿Qué le hace falta al PJ?, ¿por dónde deben venir los cambios?, ¿para cuando la mejora de la política jurisdiccional peruana?

Aquí la nota:

PODER JUDICIAL O SY FY: IMAGINA MÁS

<strong>FERNANDO O´PHELAN P

Hoy es un domingo familiar, ya terminó la Semana Santa. Necesitaba la mejor tranquilidad que te brinda la comida casera para volver a escribir sobre la crisis de autoridad en el Poder Judicial Peruano.

No hay peruano que no haya respetado, incluso Alberto Fujimori, el nombramiento de César San Martín como presidente del Poder Judicial. Su talla académica y sus calidades como juez están fuera de toda discusión. El problema es que, luego de casi dieciocho meses de gobierno, su trabajo es mediocre por no decir inútil. Mido mis palabras pues sé que son duras pero no hay otra forma de explicar los hechos.

Podría sentarme a revisar sus discursos, sus promesas, las entrevistas en televisión, quizás hasta los comunicados, pero no se trata de eso. La gente esperaba resultados en la gestión del Dr. San Martín, esperaba que se reduzcan agresivamente las demoras procesales, que la litigación oral en el país sea oral y no se obligue a los funcionarios a transcribir todo, que la eficiencia de la justicia comercial se transfiera como know how al resto de temas similares en el país, que imponga el respeto a la especialidad y no tengamos que seguir esperando que un juicio penal lo vea un hombre que sólo sabe de patria potestad o desalojos.

He visto lo que pasa con los jueces en el Cuzco, los grupos de poder que presionan y amedrentan al presidente de la Corte. San Martin se hace el loco y sólo viaja al Cuzco para usar traje y corbata mientras todos, incluso el presidente de la República, están en jean y polo (mezclilla y playera). No le importa cómo hacen los jueces honestos para defenderse del poder político de Acurio, por ejemplo.

Veo en Huaraz una mafia de fiscales y jueces enquistada desde tiempos anteriores al gobierno aprista. En esa ciudad, San Martin hizo un congreso de jueces. La gente más representativa de estos temas quiso hablar con él, no pudieron. De allí podemos seguir a historias sobre sentencias suaves a miembros del crimen organizado en el norte del país o en Ayacucho. Podemos ver que para reuniones de Jueces Supremos, la gerencia, como todas las gerencias, es espléndida, mientras que para los jueces de paz el presupuesto se vuelve miserable.

Pero, ¿por qué ocurre todo esto? ¿Es acaso San Martin culpable o inepto? Creo que el presidente San Martin representó nuestra última esperanza de tener a alguien decente que, aunque el boato de las trompetas y alfombras parecen haberlo mareado a tal punto que no escucha a nadie, igual no dejará de ser un hombre serio en los tribunales.

Lo que trato de decir es que San Martin siempre tuvo razón en su confesión privada, que se la ha hecho a varios, por eso dejo de serlo: “él no puede controlar nada”. No puede ni controlar ni monitorear lo que pasa en la Corte Suprema. La estructura social y cultural de nuestro país, los diversos caminos del free riders o del fast track que permiten los costos ocultos, le impiden siquiera observar todo la maraña de redes que hay entre jueces del mismo pueblo, universidad o logia.

Hace unos días pude conocer una de esas redes de jueces, líderes sindicales pesqueros y abogados astutos que le sacan a los armadores pesqueros fallos judiciales con reintegros entre los diez mil y los cien mil dólares. Y todos parecen actuar allí con orden, premeditación y, lo más gracioso con una gloriosa base jurídica que si no la paran inundará toda nuestra costa en los siguientes dos años. En fin de lo que se trata es de ver entonces si nada es culpa de San Martín, o si el pudo haber tomado el toro por las astas y formulado políticas de acción en el corto plazo.

San Martín desperdició sus facultades extraordinarias para proponer proyectos al Congreso de la República, no porque no sepa preparar proyectos, sino por su torpeza para hacerlos viables políticamente. Su actitud autoritaria al interno del Poder Judicial convierte al díscolo Villa Stein en un demócrata. El Congreso se burla de San Martín, el presidente Humala se burla de San Martín. Cada vez que éste le hace un reclamo presupuestal, el presidente llama al Ministro de Economía, alza la voz, lanza un par de carajos, San Martin se reconforta y ya sea en Palacio o interceptándolo en alguna ceremonia, el chiste es el mismo. San Martin debería leer el artículo de Francisco Durand en la revista Quehacer sobre los anillos de poder en el gobierno de Humala y no estar escuchando al sequito de Eloy Espinoza otro académico brillante pero torpe consejero de gestión que todavía sigue dando órdenes como funcionario judicial informal.

Si en el frente interno San Martín fue capaz de proponer un reglamento de la Corte Suprema y otro de la Gerencia que solo traen más problemas, ¿qué se puede esperar de lo que afecta directamente a los litigantes? San Martín permitió el quiebre de los principios de especialidad y economía institucional, al crear órganos y cargos innecesarios, duplicar funciones, asignar a algunos de ellos funciones de órganos ejecutivos de mayor nivel, así como dotar de funciones ejecutivas a órganos de asesoría como su agigantado “gabinete técnico”. La implementación de todo esto será un desperdicio de recursos para el país. La cereza sin embargo esta en el nuevo logo que ha costado varios miles de dólares entre diseño y su habilitación en sobres, papelería y letreros. Varios miembros de la Corte no lo han querido lucir en sus solapas de pura vergüenza.

Quizás lo que más nos inquieta es lo sucedido hace unos días en el Hotel El Pueblo donde estuvieron reunidos los Presidentes de todas las Cortes del país. San Martín pensó que este asunto del presupuesto judicial y el tema de las remuneraciones de los jueces era algo que él podía manejar a su antojo. Por primera vez en muchos años todos los presidentes de Corte, menos Cotrina de La Libertad, se le rebelaron mostrando su indignación por lo que ellos llamaron la falta de palabra del Presidente de la Corte Suprema; fue fabuloso ver los lobbys de la gente de San Martin por frenar la revuelta y su furia personal contenida: Tenía miedo que el país se entere. Bueno pues los Presidentes firmaron y San Martín tuvo que pedirles disculpas. No puedo evitar decir que eso de aumentarse unos mil cuatrocientos dólares aproximadamente cada juez no suena injusto, pero hubiese sido más honroso el abogar por los trabajadores: Los trabajadores del poder judicial, de la policía nacional y de los servicios de inteligencia son los peores pagados de la región.

Entonces, si César San Martin es un gran juez pero un pésimo gestor, ¿qué esperanza nos queda? Ahora San Martín cree que promover a Víctor Ticona será la solución: Ticona es otro magistrado brillante, pero al mismo tiempo el mas huraño, casi autista, en temas de relación política y de gestión. Esta el candidato que promueve Villa Stein, Duberlie Rodríguez, viejo político pero a quien le arruina la imagen el mentor, que proclama que lo manejara a su antojo. José Luís Lecaros ya comprendió que no es su momento. Sólo nos quedan Enrique Mendoza y Luis Felipe Almenara, el primero tiene fama de buen gestor pero no logra aglutinar los votos necesarios dado que sus colegas lo ven como altanero. Mientras que Almenara, parece estar convencido de actuar, no tiene más ambiciones que hacer el bien, pero su estado de salud no parece estar al ritmo del esfuerzo que el tema le demanda.

Ya aprendí a no tomar partido. Todos los candidatos te prometen la revolución leninista hasta que llegan al poder, juramentan, prueban la alfombra y las trompetas. Le pido públicamente a Francisco Távara, quien se ha convertido en el supremo mas legitimado ante el país que no vuelva a equivocarse. Su opinión interna resulta determinante para elegir al próximo presidente de la Corte Suprema. Quien gane, igual no podrá hacer mucho pero podría ayudar a que el sistema no se hunda por completo. Por lo menos podría salvar la mega reforma procesal penal de diez millones de citadinos en la gran Lima. Quizás un poco de acción desde afuera los obligue a sentarse y repensar en el monstruo del que forman parte. El monstruo que esta por tragarnos a todos…

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