observaciones porteñas: la UBA

La Universidad de Buenos Aires (UBA) es una institución tradicional e inmensa. En tiempos recientes, además, busca ser democrática, inclusiva y hasta solidaria.
En la UBA todos son bienvenidos (en serio y no como en la PUCP), no hay que rendir un examen de ingreso, ni tampoco uno de salida. Existe un año de estudios compartidos cuya finalidad es nivelar a los estudiantes, y luego cada quien acude a la Facultad que desea.

La Facultad de Derecho de la UBA, según nos contaba Lucas Arrimada, reúne a cerca de 30 mil estudiantes. El edificio es enorme, se dice que su destino original era el de ser una facilidad militar. Sus aulas, por otra parte son más bien pequeñas, las carpetas lucen gastadas de tanto aprendizaje, la pizarra también es minúscula y no se observa tecnología, proyector, ecram, ni computadora para el docente.

Los alumnos ocupan todos los espacios que pueden para estudiar, aunque nos dice nuestro anfitrión que esto no refleja necesariamente una voracidad por el aprendizaje sino más bien la ausencia de escenarios diseñados para albergar la cantidad alumnos que inundan la escuela de leyes de la UBA.

En líneas generales, me agrada el feeling de la Facultad, aunque su inmensidad me abruma. Salimos al frontis, a hacer algunas fotos y mirar la tarde que cae en Recoleta. Al frente una ciudad enorme. Arriba, columnas dóricas enmarcan, imponentes, las puertas principales que solo se abren cuando uno egresa. Otro dato curioso: si sabes cuántas columnas hay, dice la leyenda, que no lograrás graduarte.

La biblioteca no cuenta con materiales suficientes (siempre es posible mejorar y … cómo lograr suficiencia para 30 mil estudiantes). La sala de lectura luce muy bonita, aunque nuevamente, no cuenta con enchufes, ni tampoco con wifi. Los materiales en inglés escasean, y la iniciativa docente para requerir determinados textos parece caer en saco roto. El sistema es de estantería abierta para buena parte de los libros, aunque otros (por su antigüedad y condición en la que se encuentran), deben ser pedidos al bibliotecario. En un apartado, La Ley (si mal no recuerdo), tiene una pequeña sede donde presenta su oferta editorial y brinda un servicio documental de revistas y catálogos para los alumnos.

En la sala de profesores, un lugar amplio y enmarcado de cuadros de mucha gente que nuestro anfitrión prefiere no recordar (digamos que no todos los personajes de los cuadros fueron hombres que defendieron causas justas). A ojo de buen cubero, un miércoles por la tarde, hay unos 30 docentes, esperando su turno. Aquí, cabe comentar que la UBA ha dado buena cantidad de Presidentes a la Argentina, sin embargo, no todos ellos -afirma Lucas- deberían ser motivo de orgullo.

Vamos rumbo a la clase de Elementos de Derecho Constitucional (de los primeros años). En las paredes, los chicos de las agrupaciones estudiantiles pegan sus afiches. La presencia de La Cámpora es importante, llaman la atención los afiches convocando a la manifestación en Velez, en la que habló Cristina. Se percibe gran actividad política, aunque también mucho desorden. En algunos descansos de las escaleras, se tiene venta ambulante de golosinas y bebidas, por cuenta de los chicos del Centro Federado.

La clase arranca bien, puntualita. Hay mucha horizontalidad y el clima es bueno. Lucas, discípulo de Roberto Gargarella, es el profesor y cuenta con un elenco de 5 muchachos -que intervienen poco- para hacer la clase, son sus asistentes y es la forma en la que uno arranca en la docencia.

Se habla de la estructura del Estado, de la forma en que funcionan los poderes, de la legitimidad, de la democracia directa, delegativa, representativa. De la ausencia de espacios para la participación ciudadana y la toma de decisión. En determinado momento, la realidad social argentina aparece con fuerza en el debate. Se menciona, o mejor dicho, no se le menciona, a Carlos Saúl Méndez. Se menciona sí, a Shakira, De la Rúa, y cía. Se explica con claridad los ciclos en que funciona la democracia argentina, el correlato de fuerzas políticas y, con ello, el funcionamiento y conformación de las instituciones.

Lucas es didáctico y lúcido. Sabe llevar el debate, y pese a que la cátedra cumple con lo que predica (inclusión, igualdad), no permite que el caos cunda. Los alumnos son jóvenes, y sus intervenciones demuestran, como aquí, que se desconocen los procesos históricos recientes (algún tipo de significado y consecuencia debe tener esto!).

Ni bien termina, nos fuimos. Teníamos entradas para el teatro (La cabra), y no nos pudimos quedar a la siguiente clase (un curso electivo, si mal no estoy, sobre presidencialismo y parlamento).

En la UBA, al concluir la última materia de la Facultad de Derecho, uno pasa a ser abogado. No hay examen de barra o colegiatura, ni sustentación de tesis o expedientes, para ser bachiller o licenciado. Terminas la carrera y listo.

Más o menos así fue la experiencia por allá. Ojalá los presentes, el pisco del Cholo Matías y Los Inocentes de Reynoso, hayan sido de agrado del buen Lucas.

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