Derecho, ¿qué te falta?

Acabo de leer en el blog de Eduardo Marisca, un texto sobre lo que un filósofo hace o puede hacer con su profesión bajo el brazo.

En estos instantes, ocurre algo similar (?) respecto a quienes no siendo filósofos, tenemos que participar de escenarios para los que no fuimos preparados.

Las cosas para quien estudia derecho y no se inserta en un estudio jurídico o se dedica a litigar, no son muy diferentes de lo descrito por Eduardo.

Asumamos que la Facultad de Derecho de la PUCP es –como con entusiasmo se defiende y predica- la mejor escuela de leyes del país (en estricto es lo que en puridad es: un espacio a donde uno viene a aprender leyes, normas, resoluciones, decretos y etc., bajo una mira de corte positivo formalista). Aquí, en la Facultad de Derecho, los docentes cercenan la creatividad de los alumnos, buscan siempre la respuesta prefabricada (en algún artefacto legal) y tienen la asombrosa capacidad de repetirse sin decir mucho, de continuar dictando a partir de los manuscritos que acometieron hace 10,15,20 o más años, o de presentaciones en ppt que recitan la norma en cada lámina y que son sumamente aburridas (he tenido clases con abogados top que duraban 3 horas de corrido con un ppt por clase, a media luz, a altas horas de la mañana,  y cuyo resultado fue y es: bostezos, modorra y reticencia a la materia).

Salvo honradas excepciones, las que lamentablemente tienen que ver más con la calidad del docente que con la materia, la Facultad de Derecho construye los abogados que el sistema necesita, los que lamentablemente son distintos a aquellos que el país reclama.

En similar sentido, tampoco contamos con investigadores. Los profesores a tiempo completo dedican sus esfuerzos a muchas actividades, a afrontar la carga que el Departamento les impone, y etc. Al final del día, como es claro para cualquiera, la producción académica no es mucha, y en la mayoría de los casos, además: pobre.

Entonces, volvemos a estos instantes (ver párrafo 2), en los que preparo un informe, en donde construyo indicadores, en los que me esfuerzo por que la metodología fije aquello que el grupo bajo estudio demanda -y requiere- en términos de derechos.

Pienso entonces que muchos estudiantes de Derecho, no cuentan ni con la mitad de herramientas que la práctica legal moderna (y constitucional) reclama.

Si debo resumir en una línea la formación jurídica que nos brindan en el Fundo Pando, esta se orienta principalmente a buscar y obtener respuestas en el cuerpo de la ley, en el texto de la ley y excepcionalmente en la sentencias del Tribunal Constitucional (en las partes que este señala que son precedentes vinculantes y no más allá tampoco).

Si hablamos ahora de quienes no se dedican a la práctica legal tradicional, empezamos con los problemas. La primera dificultad, refiere a una cuestión de método e investigación: no se brindan estas destrezas en ninguno de los cursos, ni siquiera en los que llevan por título: Introducción a la Metodología de la Investigación (a inicios de la carrera) o Metodología de la Investigación Jurídica (hacia el final de la misma).

Bajo la pompa del nombre, se esconden profesores inexpertos –las más de las veces- y que no tienen un perfil académico, es decir: no producen textos de modo regular, no se encuentran versados en la producción, edición, ni corrección, amén de cuestiones tecnológicas que permitan al estudiante y proyecto de investigador, aprender a buscar y lograr información en catálogos foráneos, en colecciones especializadas on line, etc. El curso, según el profesor, trata de armar un esquema, tirar unas líneas y fundamentalmente de… fichar (así es, hacer fichas por arriba, hacer fichas por abajo, fichas y fichas, y más fichas. Vale fichar cualquier cosa, interesa principalmente mostrar tus fichas: esos pedazos de cartulina en los que poner unas ideas y la fuente).

Para el curso de final de carrera, Metodología de la Investigación Jurídica, la cosa mejora, en términos de la calidad del docente, pero nuevamente, no todos son investigadores (en realidad no lo son) y por lo general andan metidos en mil cosas, con lo que el nivel de compromiso y el tiempo de atención es harto residual (salvo excepciones o a no ser que tengas algún tipo de amistad/relación con el catedrático de turno).

Retomemos estos instantes (párrafo 2 y 7). Me enfrento a esto que llamamos informe, que tiene un enfoque de derechos y que se inserta en la onda de las políticas públicas.

Más allá de las herramientas provistas a mí paso por el Departamento Académico de Derecho (en la PUCP) y lo aprendido en la oficina de un docente tiempo completo que sí se dedica a investigar, más allá de la experiencia lograda en la revista oficial de la facultad (Derecho PUC, fundada en 1941), la Clínica Jurídica, la Maestría y lo visto en las investigaciones y consultorias de las que he podido participar, no cuento con nada.

Hacemos lecturas, nos esforzamos por mirar –además- lo que se produce al norte del continente, el mainstream me parece le llaman. Sin embargo, no es suficiente.

Quienes provenimos de las aulas de la mal llamada ciencia jurídica, andamos por la vida desprovistos de herramientas de gestión, evaluación, desarrollo, de técnicas cualitativas y cuantitativas para la investigación y el análisis de datos. Y claro, llamamos interpretación (jurídica?) a la subsunción lógica de algún hecho dentro de algún postulado legal (siendo el derecho penal y su tipicidad, para muchos, el ejemplo más franco de esto).

En estos momentos, necesito de una formación más ligada a la economía y la gestión (pública) que solo al derecho (público) y a la teoría general (la que sin duda ayuda mucho y comparte mucho de lo propuesto por Eduardo, pues permite que uno se ubique con cierta facilidad frente a diferentes escenarios jurídicos).

Sin duda, uno nunca termina de aprender y andamos todos en constante formación, pero existen espacios en las facultades de Derecho que podrían servir para gestar diferentes perfiles y no solo afirmar los existentes (los que además signan el paradigma de abogado exitoso y todopoderoso).

Quizá todo esto haga una de las razones por las que he abandonado los estudios en la Maestría de Derecho con mención en Política Jurisdiccional (buena y recomendable, dentro de todo, es de lo mejor que la escena local oferta)… y justifique porque andamos buscando una en regulación, políticas públicas, gestión y afines (esto dentro de una escuela de economía antes que de ciencias políticas, cosa que explicaré en algún otro post).

Considero que todo lo dicho no es nada del otro jueves, sino por el contrario, son aseveraciones muy obvias. Se han dado procesos de reforma –de los que no pude participar como me hubiese gustado-, esperemos que traigan frutos tan buenos como sabrosos. De cualquier forma, insertar en la malla curricular, cursos vinculados a la gestión pública, el buen gobierno, la tecnología, el desarrollo y las políticas públicas.

Nota: de la mano con lo sugerido, es necesario dotar de contundencia a los cursos del área de teoría general del derecho, pues son estos los que brindan las herramientas e insumos para pensar criticamente (pensar “fuera de la caja”), para afrontar la realidad de modo tan novedoso como creativo, eficiente como justo.

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Un comentario en “Derecho, ¿qué te falta?

  1. No soy abogada, pero tu articulo expone la realidad de la mayoria de los abogados del pais. Trabajo en una importante empresa del pais y es necesario que los abogados tengan conocimientos de economia y politicas publicas. Es lo nuevo de las inversiones. Besitos!

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